Viernes 09 de noviembre del 2007 Cartas al Director

Dr. Manuel Medina Castro

Los hijos del Dr. Manuel Medina Castro rechazamos el artículo de Emilio Palacio, publicado el pasado 14 de septiembre.

Nuestro padre en vida fue merecedor de un profundo respeto en el ámbito intelectual, cultural y político, digno de múltiples homenajes en ámbitos nacionales y extranjeros, como pocos en este país. Un hombre cuyos libros, traducidos a muchos idiomas, son usados en universidades del mundo, particularmente su obra ‘Estados Unidos y América Latina siglo XIX’, que mereció el Premio Ensayo de la Casa de Las Américas de La Habana de 1968, que abunda en documentos, todos oficiales del Departamento de Estado, y que es de lectura obligatoria en varias universidades del sur de Estados Unidos, América Latina y Europa.

Refiriéndose precisamente a este libro, Palacio afirma: “Este encomiable esfuerzo histórico tuvo también grandes limitaciones...”. Acusa a mi padre de “enfoque unilateral” de “óptica estrecha”. Obviamente para criticar un libro, primero hay que leerlo.

Citar solo un párrafo, de los muchos que hay en el libro, que demuestran un estudio serio y profundo, lleno de detalles históricos de la poca. En el capítulo IV, “La Cláusula de la nación más favorecida”, pág. 73 de la segunda edición completa, 1987, Universidad de Guayaquil, Facultad de Ciencias Económicas, imprenta de la Universidad de Guayaquil, que dice: “Hasta 1850, once países latinoamericanos han suscrito tratados comerciales con Inglaterra y Francia; diez con Estados Unidos; seis con España y Alemania. A fines de siglo, todos, excepto Haití, tienen tratados con Inglaterra; todos lo tienen con Francia; casi todos con Alemania... Todos, excepto Uruguay, tienen tratados con Estados Unidos”.

Me permito citar, además, a Pedro Jorge Vera, diario Expreso, revista Semana 30 de junio de 1996: “Ante su tumba recién abierta, lo importante es destacar que su desaparición es una desgracia... para el Ecuador entero, que pierde a un hombre recto, de convicciones raigales, inconmovibles, a un político honesto e insobornable, a un intelectual serio que ha dado contribuciones valiosísimas a la historia de América...”.

Finalmente citar el Homenaje Nacional que se le ofreció en agosto de 1985, cuya publicación en el Diario EL UNIVERSO del día martes 6 de agosto del mismo año dice textualmente: “...saludamos, en fin, su obra cumplida en el periodismo, en la cátedra universitaria, en la tribuna y a través de sus libros, que han enriquecido los estudios sociales y especialmente la historia nacional y americana y han honrado al país en el exterior”.

El homenaje en cuestión está firmado por “ecuatorianos de distintas tendencias democráticas, dirigentes políticos, intelectuales, escritores y artistas, de las diversas regiones de la patria....”, como explica la misma publicación.

La obra de mi padre se distinguió a lo largo de toda su vida por su objetividad, por el manejo documentado de sus ensayos. Es necesario destacar por sobre todas las cosas, que él fue un hombre de izquierda, consecuente toda su vida con sus principios; vivió siempre como lo que era: un militante revolucionario, un ecuatoriano universal de todos los tiempos.

Como lo dijo José Antonio Mella: “Hasta después de muertos somos útiles”, mi padre sigue irradiando su luz y su ejemplo de dignidad y honestidad, y aún se mantiene vivo, esperemos que por mucho tiempo.

Mercedes Medina Capelo
ingeniera, Guayaquil

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