Miércoles 07 de noviembre del 2007 Cartas al Director

Sueño quiteño

Soy una quiteña que estuvo de paso por la ciudad de Guayaquil y mis ojos se deleitaron de lo que ahora es esa ciudad.

Soy un ser de principios y valores, me gusta la justicia, al menos en mis acciones trato de serlo y de hacerlo, por eso manifiesto que lejos de ideologías, de partidos, de movimientos, de pelucones o no, debo felicitar a quienes han transformado el basurero de antaño, en una linda ciudad, en una hermosa metrópoli.

Por eso debo decir que ser justo es mencionar en primer término al ingeniero León Febres-Cordero, porque luego de ser Presidente Constitucional de la República, dejando un lado vanidades propias de un ex mandatario, aceptó ese reto y con aclamación del pueblo guayaquileño llegó a la Alcaldía de Guayaquil, a poner orden y a enfrentarse a ese gran monstruo que se comía todo el presupuesto en pago de pipones, sin realizar obras, ahí fue cuando llegó el gran talento de León Febres-Cordero, ese brazo ejecutor de un hombre que se “mojó el poncho” por su ciudad, porque lo difícil en cualquier trabajo es comenzar, planificar cómo ganarle a la corrupción, al desinterés por mejorar la ciudad, el resto es complemento, es seguir lo trazado, pero también tiene su mérito, no hay que negarlo, y por eso el aplauso asimismo para el alcalde Nebot.

Señor alcalde de Quito, don Paco Moncayo, no es envidia, tampoco creo que imitar lo bueno sea malo, muchas cosas –de esas buenas obras– podemos imitar y así se va a ver muy linda la carita de Dios. Usted ha hecho muchas obras, señor Alcalde, pero faltan otras que bien las podría hacer, sobre todo con la basura y el tránsito.

Como ecuatoriana me siento orgullosa y por eso recuerdo a las autoridades, que cualquier homenaje debe ser en vida, dejando a un lado colores y rencores, sobre todo a quien inició el cambio de la imagen guayaquileña y por quien nos sentimos orgullosos de tener a la primera Perla del Pacífico.

Patricia Cevallos Tapia,
Quito

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