Un ataque suicida con bomba dejó este martes al menos 90 muertos y 50 heridos durante la visita de una delegación de parlamentarios en el norte de Afganistán, dijo el director del hospital local.
El ataque suicida, en la ciudad norteña de Baghlan, es el peor en la historia de Afganistán.
"Los cuerpos de 90 personas han sido llevados al hospital hasta el momento y 50 personas han resultado heridas", dijo a Reuters el director del hospital de Baghlan, el doctor Khalilullah.
Sin embargo, observó que aún podría haber más muertos y heridos en las calles que no han sido llevados todavía al hospital.
Los detalles del ataque suicida aún no están claros.
El gobernador provincial, Mohammad Alam Ishaaqzai, precisó que 50 murieron por el ataque y que cinco parlamentarios, incluyendo el portavoz de la oposición Mostafa Kazemi, están entre las víctimas. También fallecieron muchos escolares, agregó.
Un viceministro de Agricultura y la importante legisladora Shukria Barakzai están entre los heridos.
El jefe de inteligencia de Baghlan, Abdurrahman Sayedkhail, dijo que el número de víctimas es tan elevado que es imposible dar una cifra exacta por ahora.
"Vi cuerpos tendidos en las calles y algunas personas estaban robando armas a los soldados muertos. Los niños gritaban pidiendo ayuda. Es como una pesadilla", declaró Mohammad Rahim, un residente local que dijo que la explosión causó la muerte de sus dos primas, ambas niñas en edad escolar.
El ataque tuvo lugar cuando la delegación visitaba un ingenio azucarero en la parte industrial de la ciudad de Baghlan. Grupos de residentes y niños estaban congregados en torno a los legisladores, quienes estaban en una misión económica de evaluación.
El norte de Afganistán ha escapado a mucha de la violencia que ha destruido otras partes del país desde que los talibanes reiniciaron su insurgencia contra el Gobierno de Kabul y los alrededor de 50.000 soldados extranjeros que están en el país.
Los talibanes islamitas de línea dura han asesinado a unas 200 personas en más de 130 ataques suicidas en lo que va de este año, en medio de una campaña de violencia que apunta a convencer a los afganos de que el Gobierno y sus aliados occidentales son incapaces de brindar seguridad.