Lunes 05 de noviembre del 2007 Cartas al Director

La ofensa de Villingota

A pocos días de haber recordado un año más de la gesta que libertad nos diera, una turba molesta en una pequeña ladera de una tal Villingota, quemó nuestra bandera y no hay excusa que valga porque limpiaron también sus nalgas.

¡Qué gran indignación guayaquileños! ver a quienes con su demencia y política ambición causaron la humillación de un pueblo orgulloso de su historia; quedará en la memoria de toda su gente aquella actitud de desadaptados que tienen que ser sancionados como  exige la ley.

Si no podemos parar esa lucha empezada por la terna de alcaldes peninsulares, mutilando la provincia, quitando nuestros mares, el Alcalde y el Gobernador deberán con pundonor  –a ellos les corresponde–  limpiar el honor mancillado para que jamás vuelva aquello a ocurrir y reine por siempre la paz.

Eduardo Jaramillo Zurita,
comerciante, Guayaquil

He visto con asombro que en  la televisión se presentó un abogado de los patanes que ultrajaron a la bandera de Guayaquil decir que el manifestante que se encontraba  en la protesta era porque quería que le tomaran una foto y que la bandera que la destrozaron, la quemaron y la usaron de papel higiénico no es la  de Guayaquil, sino la  de un equipo de fútbol de la Península.

A los guayaquileños nos creen retardados mentales y esa repuesta es otra ofensa para nosotros.

Ojalá que los guayaquileños no se olviden de lo que hicieron esos mozalbetes y que sean castigados.

Margarita Esteves S.,
Guayaquil

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