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Edición del DOMINGO 4 de Noviembre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Almudena Grandes con su novela más grande
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Texto: Clara Medina

España, 1989. Una joven Almudena Grandes gana el premio de literatura erótica La sonrisa vertical con su novela Las edades de Lulú.

Pronto, el realizador Bigas Luna, muy prolífico en la década del noventa, lleva al cine esta obra con un entonces jovencísimo Javier Bardem. Y de inmediato se encendió  una vieja polémica, que no por vieja ha encontrado respuesta: los límites entre el erotismo y la pornografía. ¿Qué era Las edades de Lulú? Corrieron las más diversas interpretaciones. Lo cierto es que su autora ganó notoriedad y a partir de ahí no ha dejado de escribir.

Te llamaré viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana son tres de los muchos títulos que ha publicado esta escritora nacida en Madrid en 1960, que se desplaza con comodidad entre la novela, el cuento y el artículo periodístico.

España, 2007. Una respetada Almudena Grandes presenta la que es quizá su más ambiciosa novela, tanto por su extensión (casi mil páginas) como por el tema, El corazón helado, que aunque presente en mucha literatura española, difícilmente se agota: la guerra civil, las heridas que dejó en la gente, la larga dictadura franquista, el retorno a la democracia y la época actual.

Por estas páginas desfilan varias generaciones y la escritora las retrata en sus angustias, en sus exilios, en sus pérdidas,  en sus aciertos o errores. Pero no juzga. No toma partido. Expone. Cuenta.

La historia comienza en el 2005, cuando Álvaro Carrión Otero ve en el sepelio de su padre, un acaudalado hombre de negocios, a una misteriosa mujer a quien no conoce. Esa imagen no se le borra de la mente: atractiva, bastante joven, desafiante. Luego se entera de que se llama Raquel Fernández Perea y poco a poco entra en contacto con la desconocida.

A la par que se enamora perdidamente de ella, pese a estar casado, va descubriendo secretos de su propia familia, que permanecían ocultos, escondidos tras una vida de opulencia y poder. Raquel y Álvaro son distintos, pero tienen un pasado común, un origen similar, que sus inmediatos antepasados volvieron casi antagónico en una época que había que tomar partido, que había que decidir entre irse o morir, quedarse y resistir o cambiar de principios.

Aunque se trata totalmente de una ficción, Grandes documenta una época, una sociedad. Según nota de la autora, que  consta al final de la novela, leyó mucha historia, crónicas, testimonios y conversó con gente mayor, para poder edificar esta obra, a la que ha logrado quitarle, sin embargo, ese tufo histórico de sucesión de datos, de cifras, de hechos.

Es una narración que seduce por la forma como está escrita: en unos capítulos, Álvaro narra en primera persona. En otros, es la voz de los ancestros de Álvaro o Raquel. En ocasiones se recurre a la tercera persona. En unos capítulos se retrocede a la década del treinta. En algunos se salta al presente o se retorna a mediados de la década del setenta, al fin del franquismo.

La obra está dividida en tres partes: la primera se titula El corazón; la segunda, El hielo; y la tercera, El corazón helado, que además da título a toda la novela. El nombre para la obra de Almudena Grandes lo inspiró un verso del poeta  Antonio Machado: “Ya hay un español que quiere/ vivir y a vivir empieza/ entre una España que muere/ y otra España que bosteza./  Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios./  Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón”.

Con esta pieza se descubre a una escritora multifacética, de distintos registros, de disímiles inquietudes. A Las edades de Lulú y El corazón helado, por ejemplo,  lo único que las emparenta es que su autora es la misma. Nada más.

Pero volviendo al argumento de El corazón helado, ¿se podría contar lo mismo en menos páginas? Posiblemente sí. De cualquier forma, en esta narración nada sobra. Todas las páginas se leen con comodidad e interés. Siempre hay lectores dispuestos a  dejarse seducir por la palabra, a escuchar historias.

Abiertos a saber de la vida de los otros. Al fin y al cabo, la prensa rosa, las telenovelas, las crónicas periodísticas, las grandes novelas, todas cuentan vidas. La diferencia está en el cómo y en que cada quien consume  de acuerdo con sus gustos.


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