¿La especulación malintencionada es ahora el recurso central del periodismo de opinión?
La especulación en el periodismo es una práctica extremadamente peligrosa; aun cuando se trate de una columna de opinión, que, por su naturaleza, privilegia la subjetividad y el estilo personal del autor. Usando este recurso podemos llegar a cualquier conclusión, pues la especulación, tal como es definida por la Real Academia, significa “perderse en sutilezas o hipótesis sin base real”.
El artículo de Emilio Palacio titulado ‘Yo no fui’ y publicado el 18 de octubre del presente, especula de comienzo a fin. Atribuye a la nueva izquierda ecuatoriana un odio inadmisible por Guayaquil que, según él, representaría para estos grupos solo “una bandera infame que el pueblo revolucionario del resto de la patria debe quemar”. Acusa a los dirigentes de la península de querer una nueva provincia para “robar más y mejor”, sin esgrimir una sola prueba que sostenga su aseveración. Y termina imputándome una excusa que sale de su imaginación y no de mis palabras. Estas falsas declaraciones, “yo no fui, yo no me limpié el poto con la bandera de Guayaquil ni dije que la quemen”, aparecen entrecomilladas, confundiéndose con una cita textual.
El ejercicio de un periodismo libre atañe a su responsabilidad ética. No podemos aceptar que la especulación ponzoñosa sea ahora el recurso central del periodismo de opinión. Así, imaginando falsas respuestas de los actores políticos que sirvan de acusación contra su gestión, se destruye la ética periodística. Se traspasa los límites de la realidad y la veracidad para entrar en el campo de la ficción, y ahí, todo es posible.
Vale aclarar, además, que repruebo severamente los actos vandálicos cometidos durante las protestas de los peninsulares. Como Gobierno, creemos en el derecho de los pueblos a exigir sus reivindicaciones, pero no justificamos el irrespeto y el vandalismo, por lo que hemos procedido, sin aspavientos, a iniciar las acciones legales para sancionar a los culpables. Personalmente, comparto el sentimiento de vejación y oprobio ante mi bandera quemada. Y espero que la violencia, tanto la de una protesta que en un momento pierde su norte, como la violencia simbólica de unas palabras malintencionadas, sean cada vez menores y den paso a la construcción de una nueva nación: solidaria, ética, justa.
Ricardo Patiño Aroca
ministro del Litoral, Guayaquil