Domingo 21 de octubre del 2007 El País

Chamán compró 2.500 hectáreas para evitar la tala

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UYUIMI, Pastaza. Felipe Wampash trata con amor a cada planta. A su propiedad también llegan investigadores y estudiantes.

Desde la cabaña donde residía, en la cabeza de una pequeña colina, Felipe Wampash veía con tristeza cómo los madereros llegaban a los alrededores de su pequeña propiedad, abrían senderos con grandes maquinarias y se adentraban en la selva para talar árboles milenarios.

Por las noches no podía dormir, por la preocupación; cuando lo hacía, dice, los espíritus le anunciaban que al cortar el bosque ellos se alejarían y la tierra se volvería estéril; se secarían las fuentes de agua.

Por su condición de yachak (sabio, curandero), Wampash, shuar de Pastaza, siente un profundo respeto por la naturaleza. Se considera un guardián de la selva. Por eso decidió recoger dinero, ya sea mediante préstamos o de sus ahorros, y hace cinco años logró comprar a sus vecinos así como hizo adjudicarse del Estado unas 2.500 hectáreas de bosque, en la comunidad Uyuimi, al sur de la provincia de Pastaza. El objetivo: impedir que los madereros continúen con la destrucción de la selva.

Hoy, las 2.500 hectáreas están intactas y más bien el personaje, de 60 años, junto a su esposa y siete hijos, logró establecer un jardín botánico donde, además de cuidar los árboles milenarios, siembra plantas medicinales con las que trata a decenas de pacientes que llegan a su choza desde diversos sectores del país y del exterior en busca de una cura a diversas dolencias.

Cada planta tiene propiedades curativas y Felipe asegura que con ellas trata a personas con cáncer, gastritis, artritis, tuberculosis, diabetes y otras.

También hace limpias con brebajes de yerbas “para ahuyentar los malos espíritus y renovar energías”. Cuida mucho la ayahuasca, considerada la medicina sagrada con cuya infusión, afirma, se establece una especie de comunicación con el espíritu;  explica que posee propiedades psicotrópicas que inciden directamente en la conciencia, ejerciendo un dominio sobre el entorno, el tiempo y la propia percepción del cuerpo.
Mentalmente puede producir un estado de conciencia muy lúcido y visiones que el yachak puede interpretar.

Felipe Wampash siente agradecimiento por la que llama “madre naturaleza”. Por eso la protege. También piensa en evitar la contaminación y el daño irreversible del bosque.

“En el norte del Oriente (Orellana, Napo y Sucumbíos) ingresaron las petroleras y los madereros, pero la vida no ha mejorado; la gente está más pobre y más bien se está muriendo por la contaminación. No quiero que eso suceda en este sector”, refiere el yachak.

Él no solo se precia de sus conocimientos ancestrales sino de aquellos adquiridos en una veintena de cursos de medicina natural a los que asistió en Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil.

“A los árboles no se puede traicionar, ellos son la vida. Yo, aunque no tenga dinero no permitiré que se los tumbe (tale); ojalá entiendan los madereros, no se puede acabar con la vida y el oxígeno para la futura generación”, menciona Wampash.

Aspira a que su ejemplo lo sigan otros comuneros vecinos y más que todo las autoridades ambientales. En la región donde reside rige una veda a la tala de la caoba dictada por el presidente Rafael Correa. El yachak lamenta que pese a la prohibición operan explotadores de madera sin que las autoridades forestales los controlen.
El País

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