- OCT. 20, 2007 - Foto - Cartas al Director - EL UNIVERSO
Con el pretexto de ser pobres, tener poca rentabilidad y altos costos de mantenimiento, dirigentes del denominado “taxismo” han conseguido que se les permita el uso de gas como combustible para sus automotores.
Mal precedente se ha implantado con esa demagógica medida; por un lado, se crea una inconstitucional desigualdad frente a quienes sí cumplen múltiples regulaciones para realizar sus negocios conforme a la ley (pagando el alto costo que eso implica); y, por otro, porque los taxistas terminan siendo privilegiados de una sociedad donde las ayudas estatales tan solo sirven para que unos cuantos abusen de todos.
Y pese a tener el privilegio de importar vehículos nuevos con aranceles reducidos, no renuevan sus flotas y algunos usan unidades destartaladas que son un peligro rodante; si las cambian, no les dan mantenimiento o no las usan como deben para mayor comodidad de sus usuarios (por ejemplo, en ciudades calurosas como Guayaquil, es rarísimo ver un taxista que enciende el acondicionador de aire para evitarle el sofocamiento a sus pasajeros).
Si se les pide usar taxímetros los llevan de adorno, y si los usan, los recorridos se vuelven extremadamente largos para que la ganancia sea mayor; si no los usan, le marcan la tarifa según lo que les dicte su soberana gana.
¡Y pobre de aquel cuyo vehículo sea chocado por el típico taxista agresivo e imprudente! ¿Cree usted que lo indemnizarán? Antes de que se le ocurra pensar en reclamar por el agravio, una horda de taxistas enlazados por radio irán en rescate del compañero y a uno lo sitiarán, agredirán de palabra y hasta de obra, y al fin uno termina pagando los daños. Usan ahora muy tranquilamente gas subsidiado gracias a los impuestos que nosotros pagamos. Dios quiera que a manera de reconocimiento, nos den una rebajita cuando tomemos un taxi.
Fabrizio Peralta Díaz,
abogado, Guayaquil