- OCT. 16, 2007 - Foto - Cartas al Director - EL UNIVERSO
El 1 de octubre en la sección cultural, en el artículo sobre los conciertos en iglesias, su autor, Félix Fleming, a quien no conozco, me alude en términos errados y lesivos.
Su profesión conlleva responsabilidades como comunicador dentro del área del periodismo. Debe tener un alto grado de ecuanimidad en sus apreciaciones y estar estas fundamentadas y no hechas a la ligera.
Ningún programa sinfónico resulta idóneo dentro de una iglesia porque la construcción de estas no está diseñada para este fin. ¿No ha ido a los conciertos cuando la orquesta ha tocado en La Merced? Hay pasajes donde se ve a los cantantes del coro gesticulando y los arcos subiendo y bajando, ¿y el sonido?, en off. Pero eso es parte de lo que tenemos que asumir cuando nos toca dirigir en una iglesia. La idea de no solo presentar a la orquesta dentro de un teatro, que es el sitio ideal para ella, y sacarla a otros espacios, afecta a músicos y director porque el resultado artístico no es el mismo. Cuando recibí la invitación del presidente de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, me informó que la agrupación tocaba en diversos sectores y que sería en el Santuario Nuestra Señora de La Alborada y no en un teatro. Para un artista los objetivos humanos y sociales son tan importantes como los puramente artísticos, y aunque el sitio donde se realizaría el concierto me afectaba, no dudé en aceptarlo.
“Un director se forma dirigiendo: es una perogrullada”. Tiene razón, pero las perogrulladas únicamente se ha permitido a todos los directores extranjeros que han pasado por la orquesta, que llegaron recién graduados a asumir la dirección de la misma, trayendo como experiencia las prácticas orquestales realizadas con distintas agrupaciones durante sus años de estudio. Se hicieron de un currículum, adquirieron un repertorio, experiencia, y se hicieron directores con nuestra orquesta.
Quien escribe no es una diletante. Se preparó durante 20 años para ejercer la profesión que tiene: 10 años para pianista-concertista, 5 años para directora de coro, y 5 años más para directora de orquesta. Ostento dos títulos universitarios. Soy la única directora nacional que ha sido directora titular de una orquesta en el extranjero, y mi cargo lo obtuve después de ser evaluada por un tribunal de directores encabezado, por el director titular de la Sinfónica Nacional de Cuba. El que no se den suficientes oportunidades a los nacionales no es ninguna novedad, por eso la mayoría se queda fuera. Tenemos desde una concertino hasta compositores renombrados, y ni siquiera conocidos aquí.
Mónica Alvarado Calderón,
música, Guayaquil