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Paulo Coelho | Especial para EL UNIVERSO |
Séptima palabra: matrimonio
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Termino hoy la serie de siete palabras (milagro, tortura, oración, sufrimiento, consejo, xenofobia y matrimonio) que considero extremamente relevantes para nuestro tiempo, y que pedí que mis lectores comentasen. Quien quiera hacerse una idea general, puede hacerlo visitando www.paulocoelhoblog.com > Discuss

Stella: yo estoy condenada a amarte, y eso es mi salvación. Tendré que vivir para siempre a la sombra de tus ojos, aceptar el hecho de que todo lo que toca tu mano despierta lo mejor que hay en mí. Todo lo que conozco es tu amor, y nada más me interesa.

Prajakta: dos personas se juntan, el amor provoca más amor. Dos seres imperfectos se unen, y la perfección se hace posible.

Dasha: la ceremonia de la boda es tan solo un símbolo, y podríamos vivir muy bien sin las presiones que acarrea. El amor es libre, salvaje, y cuanto más nos sentimos en este estado de total libertad, mayor conciencia tenemos de la alegría que significa vivir con otra persona porque así lo quisimos, en lugar de porque la sociedad nos lo impuso.

Leila: en mi religión (islam) el matrimonio corresponde a la mitad de los actos mediante los cuales se adora a Dios. No consigo comprender las religiones que predican el celibato y el ascetismo, apartando al ser humano de su condición natural.

Nadia: necesito amor. Necesito que alguien me diga que está enamorado de mí, y eso es todo. No me hace falta ningún vestido blanco ni ninguna bendición de la Iglesia, pero parece que soy la única de mis amigas que piensa así. A todas ellas les da miedo la soledad. Si yo no encuentro a nadie que me comprenda profundamente, ¿qué hay de malo en continuar sola? Pero la presión es tan grande, que me parece que voy a tener que ceder más tarde o más temprano, o mi amor propio se verá seriamente comprometido.

Liz: voy a casarme dentro de dos semanas, y he hablado sin parar sobre esto. ¿A qué conclusión he llegado? A que con ceremonia formal o sin ella, una pareja será siempre aquello que puede ser. Lo único que va a cambiar es que tendremos que esconder nuestras discusiones.

Neel P.: creo que una pareja que ponga a Dios en el centro de sus vidas también sabrá poner el matrimonio en el lugar que le corresponde. Estar con otra persona no es endiosarla, sino verla como una parte de las bendiciones divinas que todos los días influyen en nuestras vidas (como el amor, el sexo, la música, la soledad e incluso el sufrimiento). El matrimonio no es en absoluto un destino, sino parte de nuestro camino, y no me cabe la menor duda de que Dios usa esa unión por un motivo que está mucho más allá de la perpetuación de la especie.

Paulo Coelho: me encanta escribir estas columnas en bares, y eso es lo que estoy haciendo justamente ahora. Delante de mí hay una mujer con gafas de sol hojeando una revista. Hace algunos minutos me preguntó si tenía hambre, yo le respondí que no, y ella volvió a su lectura.

Ella podría estar ahora en casa, o en un cine, o en otro restaurante con amigos, pero siento necesidad de que esté a mi lado. A veces detrás de sus cuadernos de bocetos (es pintora), otras veces tiene que dedicarse a otros asuntos, pero siempre que puede me acompaña a los numerosos bares de la vida. Hace 27 años que seguimos juntos. Hemos pasado por muchas crisis, pero sobrevivimos a todas. Construimos y reconstruimos nuestro matrimonio a diario, y aunque parezca la misma mujer que conocí en 1979, supo transformarse y adaptarse con el tiempo, que nos enseña y nos obliga a seguir adelante.

Hace unos instantes, un niño se acercó a nuestra mesa trayendo una bolsita con muestras gratuitas de perfume, y dijo que su madre nos las mandaba de regalo. Miré a la mujer, y ella sonrió. Sin duda entiende que aunque haya un ordenador que me separa de la mujer de las gafas oscuras, nuestras almas están conectadas.

Termino esta columna, termino esta serie de palabras, voy a abrir uno de los perfumes. Quiero bendecir mi unión con mi mujer.
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