Jueves 11 de octubre del 2007 Cartas al Director

Gas: subsidio y explotación I

La concesión de subsidios en un país con ingresos limitados o balanceados con respecto a los gastos corrientes, como es Ecuador, es una bomba de tiempo por varias razones:

Los dineros que se consumen en subsidios provienen, por lo general del excedente del precio del petróleo que rige en la actualidad. Nadie puede garantizar que ese precio permanezca en el tiempo, y nos preguntamos: ¿de qué manera se afrontará la concesión de los mismos una vez que disminuya el precio internacional del petróleo o disminuya ostensiblemente la producción en nuestros campos? Si de manera paralela no se diseña una política que permita al Estado, ya sea encontrar ingresos distintos a los del petróleo que sean permanentes, por ejemplo, el incremento de la actividad productiva y el aumento de ingresos vía impuestos como consecuencia de este incremento; o en su defecto, que encuentre el modo de focalizar el subsidio a quienes realmente lo necesitan; en el instante que no existan los recursos para sustentar los subsidios se enfrentará una guerra social entre quienes hoy reciben el subsidio y el Gobierno.

Entre los subsidios que mayor peso tienen en el presupuesto del Estado, sin ser los únicos, se encuentra el del gas de uso doméstico. Este, como se plantea hasta el momento, constituye una carga económica pesada y afecta la posibilidad de mejorar sectores sociales como la salud, educación... Adicionalmente, la actual estructura de este subsidio se presta para el contrabando a países vecinos que tienen un precio mayor del combustible, o para ser usado por hoteles, restaurantes, residencias para calentar piscinas, taxis... Eso distorsiona el subsidio y lo hace más pesado.

Existe un mecanismo que permitiría de manera sencilla la focalización del subsidio al gas. Es cierto que cualquier iniciativa tiene un costo y más si implica infraestructura. En este caso sí implica una infraestructura y costosa: se trata de la distribución del gas por tubería y el control del consumo por medidores en cada domicilio, hotel, industria, negocio, y la supresión total de la distribución en bombonas o cilindros. Este cambio se haría por etapas: primero, la instalación de centros de llenado de bombonas en varias partes de la ciudad, con tanques de almacenamiento apropiados para que los usuarios se acerquen a llenar sus cilindros y se les cobre según la cantidad que deseen adquirir, como cuando se compra gasolina para los vehículos. Segundo, en los sectores residenciales de mayor capacidad económica se instalarían tuberías a domicilio, con medidores y tanques de provisión apropiados para la población que recibiría el gas, lo que puede encargarse a la empresa privada, para que en una etapa posterior se unifique a un sistema general de aprovisionamiento de gas. Tercero, la individualización de los cilindros que usan los taxistas para que sus características de válvulas permitan diferenciar las de uso doméstico, y cobrar una tarifa diferenciada y disminuir el subsidio que hoy beneficia a ese sector. Cuarto, la sectorización de precios del gas por barrios según las características, primero en las llenadas de cilindros y luego en la localización de los medidores.

José M. Jalil Haas,
ingeniero, Guayaquil

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