Edición del VIERNES 5 de Octubre del 2007
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Oktoberfest, cerveza y diversión
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Las autoridades de Munich y Bavaria, Christian Ude y Edmund Stoiber.
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Es una fiesta histórica que se realiza todos los años en Munich desde 1810. Durante dos semanas a finales de septiembre la capital bávara se disfraza de bárbara.



El 12 de octubre de 1810 el príncipe Luis, más tarde proclamado rey Luis I., se casó con la princesa Teresa de Sajonia y Hildburghausen. Invitaron a la boda a toda la población de Munich.

La fiesta se organizó en un prado en las afueras de la ciudad. Ese lugar se nombraba Theresienwiese (Prado de Teresa) en honor de la novia.
La fiesta de la boda terminó con una carrera de caballos. Entonces la familia real decidió que aquella carrera debía repetirse cada año, iniciando así la tradición de las Oktoberfeste (fiestas de octubre).

Desde aquellos tiempos la Oktoberfest se ha convertido en la fiesta popular más grande del mundo, recibiendo visitas desde todo el planeta. Y porque la fiesta sigue organizándose en el prado Theresienwiese, el apodo bávaro muy popular de la fiesta es Wiesn.

¡Bienvenidos al Prado!
Willkommen auf der Wiesn! Cada año el recinto del Theresienwiese acoge  unos seis millones de visitantes, provenientes de todos los países del mundo. A lo largo de las dos semanas se beben unos cinco millones de jarros de cerveza, y se comen más de medio millón de pollos asados, 200.000 salchichas de cerdo, quince toneladas de pescado, y unos cien bueyes.

En el terreno del Theresienwiese se encuentran catorce Bierzelte (tiendas de cerveza) enormes con unos 100.000 asientos entre todas. Uno se sienta en bancos plegables y estrechos de madera para consumir la cerveza y comerse una Brezel (una especie de rosquilla salada).

A lo largo del día y con las cantidades bebidas, el ruido en las tiendas se hace casi insoportable: hay orquestas en todas las tiendas que tocan los éxitos de la temporada a todo volumen, y la gente canta -o grita- acompañando la música. Hay cierta clase de versos o refranes estereotipados que se repiten con frecuencia fija, levantándose todos y saltando encima de las mesas: «Oans, zwoa, drei, g'suffa!» (que es bávaro y no quiere decir nada más que «¡Uno, dos, tres, bebido!». 

Existen reglas fijas de la Oktoberfest. Se han decretado con justo título: 1.- A partir de las 20:00 se prohibe el acceso a las tiendas a menores de seis años. 2.- Los cochecitos de niños no pueden entrar en el recinto del Theresienwiese después de las 18:00 durante la semana, y después de las 14:00 los fines de semana.

La cerveza
La cerveza de la Oktoberfest es algo más fuerte que la regular. Tiene  4% de alcohol. Se despacha en jarras de vidrio grandes de una capacidad de un litro, exclusivamente. Nunca diga «Solo quiero la mitad» Hará el ridículo, y aparte no le harían caso.

La cerveza llega a las tiendas en barriles enormes de madera, que se llaman Hirschen (ciervos). Un buen camarero encargado del barril nunca cierra la canilla. Va sustituyendo las jarras rápidamente en cuanto se llenen. Las camareras (siempre son mujeres) se las llevan a docenas a las mesas, donde las venden al pasar. El precio del Maß superó los cinco euros la primera vez en 1995.

Eso sí, tenga cuidado con la cerveza. Entra muy bien y, dentro de las tiendas, con tanta música y bailar no notará los efectos. Pero en cuanto salga, ya verá. La prueba de lo dicho se encuentra en las estadísticas de la Cruz Roja: cada año, casi 500 personas se tienen que ingresar en hospitales por abuso alcohólico excesivo en la Oktoberfest.

La fiesta se inicia con la entrada de los Hospederos: se trata de un desfile largo de carros cargados de barriles de cerveza, adornados de flores, y tirados por atelajes de caballos. En los carros están los dueños de las tiendas de cerveza, saludando al público y tirándoles bombones a los niños. 

Hay otros acontecimientos públicos que valen la pena asistirlos. En uno de los domingos siempre se organiza un concierto de música popular bávara. La fecha concreta depende del tiempo. Atender al concierto es un deber para los aficionados a la música popular.

Por supuesto no se debe olvidar de los feriantes. Cada año atraen al  público con unas novedades espectaculares. Y la gente hace cola para poder subir a la versión más moderna del tobogán, o ingresar al túnel de los sustos.
 
Fuente:
www.oktoberfest-tv.de


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