Hay “programas” basura, y sin embargo, tienen tal cantidad de anuncios que lamentablemente auspician esos espacios nocivos que fomentan el chisme, morbo por entrometerse en la intimidad de las personas, en seguirlas y filmarles hasta sus roperos para mostrar con detalles los calzoncillos y calzones que usa cierta gente.
¿Eso es programación? ¿Eso creen que entretiene? Nuestro país anda mal, no contribuyan a masificar el chismorreo, la vulgaridad, la curiosidad de solo querer saber la vida íntima de los demás; incentivemos lo cultural, lo educativo, los valores, y cómo ser mejores ecuatorianos y unidos.
¿Por qué no nos dan programaciones sobre turismo para amar más y cuidar al Ecuador; civismo, para tener una buena convivencia social respetuosa entre todos?
¿Por qué no entrevistan a gente ecuatoriana de cualquier condición social que habrá mucha que haga cosas dignas y nos estimulen como ejemplo? ¿Por qué no se rescatan en programas o producciones especiales las tradiciones perdidas y se enseña a los niños, jóvenes principalmente, a aplicarlas como el saludo, la limpieza, la puntualidad? Eso sí tendría sintonía.
Patricio Arboleda,
Guayaquil
Ya no solo los “programitas” de dimes y diretes de farándula y otros, donde aparecen extranjeros como “figuras famosas” estelares o principales, secundados por ecuatorianos cantantes, “artistas”, “modelos” que los acompañan de relleno; son los que dan que hablar por su pésimo contenido, carente de cosas buenas que alimenten nuestra educación; sino, hasta ciertos espacios “deportivos” y “políticos”.
Vemos a unos “comentaristas”, “periodistas”, jactarse de ser profesionales, de tener todo un historial de elevadísima valía y de reporterismo en todos los mundiales, canchas, y muchos años de “experiencia” en deportes; o a otros que “dominan” sabiamente los temas y predicciones de política como nadie más; sin embargo, no se dan cuenta de sus actitudes mientras están “al aire”; y si sus superiores les aguantan y no los corrigen, bueno, el televidente, por favor, no tiene por qué soportarles eso de: gritar bravuconamente a sus asistentes coordinadores porque están haciendo bulla tras cámaras; vociferar que en sus canales no les han colocado bien el micrófono, o no les quieren comprar una silla y un escritorio nuevos; retar groseramente como si fuera muchacho malcriado, a algún televidente hombre o mujer de edad, que no habla alto o vocaliza bien cuando llama a hacer preguntas a sus programas; burlarse con risitas y ciertas frases, de la inclinación sexual de algún joven televidente encuestado por ellos telefónicamente; chillar o hacer rabietas porque el audio les está fallando. Con esas actitudes esos seudoperiodistas quedan en ridículo y echan por los suelos sus “trayectorias” de “profesionales equilibrados” que nos dan consejos, además sus programas decaen enormemente por cuanto el público deja de sintonizarlos.
Xavier López,
Guayaquil