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MIÉRCOLES | 10 de octubre del 2007 | Guayaquil, Ecuador
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Nelsa Curbelo | nelsa@telconet.net
La final
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Eran las 16:00 del domingo 7 de octubre y en los  espacios de parqueaderos del mercado de las cuatro manzanas, convertidos en canchas, comenzaban las finales del campeonato de fútbol callejero que llevaban adelante los jóvenes agrupados en lo que llamamos pandillas. De los 600 jugadores en 60 equipos inscritos, 4  habían demostrado mejor juego y  respeto de las reglas escritas y “verbales” al decir del capitán del equipo ganador, cuando alzaba  la copa con evidente satisfacción. Esas reglas premiaban el juego limpio, la creatividad en la cancha y fuera de ella, el trabajo en conjunto,  la puntualidad. Pero perdían puntos por jugadas bruscas, insultos dentro y fuera de la cancha, por impuntualidad de hasta 5 minutos, en ese caso perdían el juego. Podían hacer todos los cambios que querían, podían prestarse jugadores de otros equipos en una especie de selección natural a medida que la final se acercaba.   Al no existir árbitros, el rol de los mediadores-facilitadores en la cancha era esencial. Todo ese montaje requirió de varias horas y semanas de diálogo entre los capitanes y sus equipos, y los facilitadores.

Desaparecieron  los insultos, que se dicen casi sin darse cuenta en el fragor de un juego rápido y alegre cuando se dieron cuenta que los perjudicaba. Parecían jugadores de ajedrez. Por las dudas no hablaban… En las jugadas complicadas, las manos siempre a la altura de los hombros mostraban que no agredían. Y el grito más común de los “directores técnicos” fuera de la cancha era: “a la pelota, muchachos, tranquilos, juego limpio…”.

La fiesta de la final la prepararon con entusiasmo. Por la mañana los Latin King solicitaron una misa a la que asistieron masivamente. Cada equipo de los diferentes grupos de pandillas, estuviera en la final o no,  alistó sus banderas para el desfile final. La madrina elegida reina preparaba su atuendo y los demás las flores de regalo. Cuando venían  desplegando sus banderas, los Latin King fueron interceptados por la policía al mando del coronel Alulema que les quitó una bandera y los golpeó. Una intervención telefónica oportuna del comandante Euclides Mantilla obligó a su devolución. Los ánimos caldeados de los jóvenes poco a poco se apaciguaron. Prevaleció el espíritu de cambio positivo y búsqueda de la paz. En la cancha resonaba el himno del Barrio de paz, y la música hip hop acompañaba los minutos finales del juego entre Tulcapi y Guerreros que definirían al campeón. Los familiares del niño Carlos Cedeño, víctima de la violencia de las barras, estaban presentes y apoyaban el juego limpio. La noche aparecía rápidamente, todo el mercado estaba iluminado menos el lugar donde sería la premiación, por alguna circunstancia ajena a los organizadores… Anteriormente había sido el sector mejor iluminado…

Los Latin King tomaron la palabra. Expresaron su deseo de cambio positivo. Pidieron perdón por las lágrimas que hicieron derramar a las familias y, sobre todo, a las madres,  dijeron que quieren demostrar sus buenos propósitos y su interés en aportar como jóvenes a una sociedad mejor. Hicieron una entrega de armas que fueron recibidas por el comandante Johnny Estupiñán y que serán parte del monumento a la paz que se prepara con todas las armas ya recogidas. El ingeniero Gustavo Zúñiga, presidente de la Corporación de Seguridad Ciudadana, entregó el trofeo y premios al ganador. Los cuatro equipos tuvieron becas de estudio en los diferentes espacios formativos virtuales que se están abriendo para ellos. La fiesta terminó, pero sus resultados, comentarios y repercusiones permiten seguir avanzando en una propuesta de convivencia armónica  para todos.
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La Casa del Hombre Doliente organiza la cena Consomé Caliente para el Alma, que se la tiene previsto realizar el próximo 17 de octubre, a partir de las 10:00.
Dirección: Samanes 7, mz. 2222, solar 1.

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