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Él es quien envía los bomberos a los incendios |
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| Él es quien envía los bomberos a los incendios. | | |
| Octubre 10, 2007
Verónica Reyes
Este capitán del Cuerpo de Bomberos es uno de los operadores de emergencias.
Después de encomendarse a Dios antes de actuar en una emergencia, lo que le tranquiliza a Abel Castillo Donoso, un capitán del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, de 41 años, es encontrar en los bolsillos de su traje amarillo, que utiliza en los incendios, los soldaditos de juguete de su hijo Abel Ernesto, de 4 años.
Comenta, entre risas, que en ocasiones su pequeño se viste con su mameluco y sus botas de bombero, “porque dice que cuando sea grande quiere ser como su papá”.
Al mencionar esta anécdota Abel también recuerda que desde que era un niño ya acostumbraba a husmear en los incendios cuando estos surgían camino a su casa o en sitios aledaños a su barrio.
Aunque estudió hasta el cuarto curso de mecánica industrial en la Universidad Estatal de Guayaquil, siempre sintió vocación por ayudar a los demás. De ello estuvo seguro cuando cumplió 22 años, edad en la que comenzó a actuar en los siniestros, pese a que no recibió preparación adecuada hasta los 32 años, cuando tomó la decisión de ingresar como voluntario a las filas de esa entidad.
Cuando no se registran incidentes en la ciudad, Abel permanece en la central de emergencias en la estación de Nueve de Octubre y Escobedo. Allí trabaja junto a otros seis operadores que conforman el primer eslabón en la cadena de emergencias del 102.
Desde el tercer piso del edificio atienden un promedio de 30 llamadas a diario, entre falsas y reales, que solicitan ayuda para controlar accidentes ambulatorios, incendios, rescates y riesgos por materiales tóxicos.
Dice que a su familia ya no le preocupa mucho la idea de tener a un bombero en la familia por los riesgos que implica el oficio. Esto porque su abuelo materno también lo fue de 1940 a 1960. “Es algo que ya viene en la sangre”, asegura.
Sin embargo, cuando lo contactan para una emergencia estando con su madre procura salir sin decir nada para no asustarla. “Simplemente me despido, pero siempre pidiéndole al ‘flaco’ de allá arriba que me permita regresar a casa”.
Pese a la adrenalina, palabra que se menciona todos los días en los pasillos de las estaciones del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, quienes conocen a Abel Castillo coinciden en que es un hombre sensible.
Uno de sus compañeros, en la central de llamadas, asegura que Abel se toma muy a pecho cada emergencia que atiende, por muy pequeña o simple que sea. Así lo demuestra cuando comenta el suceso que más ha marcado su carrera hasta ahora como bombero profesional, que fue con el primer niño que ayudó a nacer.
Mientras relata su intervención deja entrever la emoción en su semblante: “¿Ambulancia, por dónde va? Lo que sucede es que el niño ya se está alistando para salir”.
Y finaliza: “Ya central llegamos, el niño está naciendo. ‘¿Qué fue?’ Varoncito. ‘¡Mis felicitaciones!’”, expresa.
Aun así no deja de pensar en las ocasiones en que se han perdido vidas. “Es un bajón para uno porque son eventos que ya se escapan de nuestras manos, pero igual hay que superarlo”.
En sus ratos libres, que son cada seis días, Abel dedica su tiempo a la construcción de la segunda planta de su vivienda en la ciudadela Bellavista. En el lugar suelda, instala tuberías, derrumba y encementa paredes, pinta y arregla instalaciones eléctricas porque le apasiona todo lo que tiene que ver con mecánica y manualidades.
En su casa vive con su esposa Carolina y sus hijos Carolina (14) y Abel (4) por quienes le representa un sacrificio abandonar su hogar por las noches cuando cumple con su guardia nocturna.
Sin embargo, su esposa señala que ya se ha acostumbrado al ritmo de vida de un bombero, “a pesar de que siempre tenemos presente los peligros que él corre cada vez que sale de casa, pero esa es su profesión, es lo que le gusta hacer: ayudar a los demás”, enfatiza.
Para convertirse en voluntario del Cuerpo de Bomberos, Abel se entrenó un mes. Pero agrega que su capacitación en la carrera es constante. “Este es un modo de vida que tomé, convivo con ello”, dice Abel, quien lleva consigo un radio de emergencias adonde quiera que va, además de su teléfono móvil. “Bueno, no siempre. Mi esposa me advierte que si llevo la radio al dormitorio me bota”, comenta jocosamente”.
En Radio City: De 07:00 a 10:00.
Escuche las historias de los héroes anónimos hoy en el 89.3 F.M.
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