“Uno puede sentir los días; Kassel ha desarrollado su propia línea en el tiempo con la venida de la Documenta 12”, expresa el alcalde de la ciudad, Bertram Hilgen. Gracias a su primer director, Arnold Bode, quien impulsó esta fuerza artística en la ciudad diez años después de la caída de Alemania, es decir en 1955, Kassel confronta un pasado vacío, una historia de reconstrucción tanto arquitectónica como sociológica, volviendo a tener un espacio importante no solo a nivel nacional.
Kassel fue bombardeada por los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, ya que la ciudad era uno de los puntos en los que se construía la fuerza militar. Hoy la ciudad alberga ciudadanos y turistas que madrugan para admirar el esplendor de los espacios en los que Kassel nos regala siempre las ganas de regresar a ella; el museo Fridericianum, el Aui-Pavillon, el centro Documenta-halle, la nueva Galería (neue Galerie), el cine Gloria-Kino (inaugurado el mismo año que la primera Documenta) y el castillo Wilhelmshöhe.
Ciento nueve artistas de 43 países participaron en la duodécima edición de la exposición y fueron vistos por 754.301 visitantes de todo el mundo, lo que significa que a través de estos cincuenta años, la Documenta no ha perdido su atractivo. No solo eso, su capacidad mediática es cada vez mas fuerte; 15.537 periodistas de 52 países (incluyéndonos) han curioseado en la ciudad, tomando nota y fotos de lo esencial. Y no es para sorprenderse, las cifras que rodean a la Documenta son tan grandes como el evento mismo.
El diálogo mundial que acompaña la organización es lo que hace de cada una de estas, una edición especial. Este año, desde el 16 de junio hasta el 23 de septiembre, se crearon nuevas puertas a lo que Roger Buergel como director artístico dio claves específicas; preguntas que nos llevan a cada uno a descubrir lo que en diversas culturas se está desarrollando, sintiendo y pensando.
El eje del carrusel
Es así como Buergel y su mano derecha y compañera de vida, la historiadora de arte Ruth Noack, se encargaron de la curaduría y optaron por la migración como temática principal de esta exposición. Se trata no solo de una migración de formas, sino también de las culturas y las épocas en las que estas se fragmentan.
Y, ¿cómo entender los trabajos sobre esta plataforma? Buergel y Noack no ordenan las obras de acuerdo de donde provengan, sino conforme a una línea de tiempo, moviendo al público entre las olas del pasado, el presente y las hipótesis del futuro. Yendo y viniendo, ahí se encuentran representando este juego temporal, en el museo Fridericianum, las olas de Ai Wei Wei, el artista contemporáneo más celebrado de China, dialogando con los abrumes de Saray y Berlín, que datan entre los siglos XIV y XVI.
En el castillo Wilhelmshöhe, los curadores exponen las obras de artistas contemporáneos junto a las piezas de siglos pasados, poniendo a prueba nuestro razonamiento; nos lanzan a jugar entre lo que nos dice el autorretrato de Rembrandt con un casco de Morion de 1634, junto al Esplendor de mí (1997) de Sofía Kulik, tres siglos después, mostrándose a ella misma como una matriarca de su natal Polonia.
La migración de las formas
Ruth Noak cuenta que un grupo de historiadores del Arte llegó a confundirse en sus conocimientos cuando les puso enfrente todo el repertorio de obras seleccionadas sin demostrar la época a la que pertenecían. Pero luego entendieron; lo que mostraba cada imagen, trascendía su tiempo.
Es por esto que Buergel se enorgullese en decir que lo que caracteriza a la Documenta 12, es que no tiene forma. Este factor trivial hace que se trate de combinar precisión con generosidad.
No es difícil encontrar hoy en día exhibiciones dedicadas a un artista, a una época o un estilo en particular. Sin embargo, la inherente falta de forma de la Documenta, contradice aquellos parámetros. El evento, como resultado, se convierte en un espacio de posibilidad.
Tal como se escucha en las audioguías, en los catálogos, en las revistas, el terreno que se extiende más allá del significado en una obra de arte no está trazado de forma precisa ni definitivamente fijado. Aquí el enfasis es en la formación estética. Se aprende con el arte, y el aprendizaje nunca termina.
¿Moda, comida y rollos?
Más allá de todo lo que se exhibe en las cuatro galerías de la Documenta, Buergel da un espacio a otras artes. El pabellón G se lo otorga al reconocido chef Ferrán Adrià, del restaurante El Bulli (Rosas, España), donde los visitantes tuvieron que reservar con meses de anticipación un puesto para saborear sus coloridos platos gourmet.
Cuando le preguntaron a Noack el porqué de tener a Adriá como invitado entre los artistas, siendo este más bien un chef, ella afirmó que “el arte no solo se encuentra únicamente en áreas específicas, pues hay pinturas que no son arte o platillos que están destinados al estómago y no a los sentidos. Al arte también se lo puede comer a bocados”.
Por otro lado, la pantalla del Gloria-Kino presentó durante los cien días, cien piezas representativas de la historia del cine. Como Buergel, el director del museo del cine en Viena y encargado de la selección de las películas, Alexander Horwath, realizó un viaje de interminables rollos, comenzando con Viaggio in Italia (1954), de Roberto Rossellini, terminando el ciclo con los estrenos mundiales de Pitcher of colored Light, de Robert Beavers, y Casting a Glance, de James Benning, este último fuertemente vinculado a la obra de Robert Smithson y su Spiral Jetty.
El sábado 22, los organizadores tuvieron el placer de invitar a todos a la estación de tren, donde una larga alfombra blanca bordeó las plataformas junto a los rieles. El fin de semana climático de estos cien días explotó en la fuerte voz de Oumou Sy, un verdadero personaje del mundo de la moda africana.
Tras ella y el micrófono que multiplicaba las letanías de su ritual, caminaban lentamente modelos de todos los colores, de todas las edades, de todas las medidas, luciendo lo que sería el dominio de las telas, de las técnicas del color, las tradiciones culturales y de las manos de esta diseñadora de Senegal. Todo un espectáculo entre lo elegante y lo irónico de sus creaciones.
La Documenta 12 se ocultó con un sol muy caluroso, un domingo 23, el día número 100. La gente va descalza por los pasillos apreciando un último aliento del conjunto de obras “migratorias”, mientras que Roger Buergel sale del museo en camiseta interior para evitar el sudor. Para el 2012, esperan al número 13. La iglesia de Friedrich golpea las campanas despidiéndose una vez más de la luz. Y de la lucidez.