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Edición del DOMINGO 7 de Octubre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El otro tango de Buenos Aires
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La Orquesta Típica Fernández Fierro en pleno, tangueros pioneros de una nueva generación.
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Texto y Fotos: Pilar Estrada Lecaro

Es contemporáneo y no tiene nada electrónico; es una movida que está creciendo por la acción de músicos jóvenes que no consienten que algo que saben tan suyo y tan potente como el tango, agonice y desaparezca en su propia repetición superficial.

Get up, stand up de Bob Marley sonó luego de varios tangos que nunca había escuchado antes. Mientras pretendía descifrar por qué ponían una grabación reggae en una milonga, los integrantes de la Orquesta Típica Fernández Fierro se ubicaron en sus puestos.

Aparecieron once personajes jóvenes con jeans, camisetas, gafas, piercings, un par de rastas y otros con un look hippie que me hizo desvariar por unos segundos imaginando a unos rockeros tocando tango, y no estaba tan equivocada; se prendieron las luces y vibraron las primeras notas de la punzante 011 compuesta por Yuri Venturín, el contrabajista y director.

Desde atrás de una tela improvisada que sirve de telón, se completó el equipo con el Chino Laborde que salía a escena cuando le tocaba su turno al cantor, ya sea con un casco de moto, una máscara transparente, a veces sin zapatos o con zapatos de colores; gestos que a pesar de ser tan llamativos e irreverentes en ese contexto, se perdían por momentos ante la poderosa interpretación de cada versión.

La presencia escénica rockera, las luces, el caos y una pensada violencia en el sonido -que se advierte incluso en temas más sutiles como la Zamba de la Candelaria, que incluyen en su repertorio efectuada por las cuerdas y el piano- enmarcan a unos músicos de nivel haciendo tango de nivel, pero sobre todo con una fuerza abrumadora.

No sabía qué esperar la primera vez que caminé por el oscuro corredor que desemboca en unas cortinas de plástico rojo, al cruzarlas revelan un galpón, lleno de gente joven, donde cada mesa y silla son de un juego diferente, varios ornamentos sin relación entre sí guindan de la paredes y el stencil (técnica de decoración ) del retrato de un señor -que por preguntar quién era recibí varias miradas de desaprobación- resalta junto al bar.

Del techo cuelga un rollo gigante de papel higiénico sobre el escenario, que de fondo muestra una simulación de mega-azulejos de baño con unas moscas brillantes a escala paradas sobre ellos.

Ese es el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro), un ex taller mecánico en el tradicional barrio del Abasto, transformado de manera independiente por esta orquesta en un club de tango underground donde “juegan de local”, como dicen en tono de broma en una de sus tantas alegorías al fútbol.

Tango diferente
Gracias a esa noche comprobé que el tango no era gardeles engominados y de traje, parejas bailando sensualmente y peor aún una música melodramática de viejos; al contrario, descubrí una manifestación totalmente viva y llena de posibilidades de seguir enriqueciéndose.

En la Fernández Fierro y en la Orquesta Típica Cerda Negra eso se hace evidente no solo en sus arreglos e interpretaciones de otros autores, sino en sus composiciones propias donde toman el tango clásico y le dan un giro de tuerca con aportes y quiebres que lo hacen “tango del siglo XXI”, como le dicen los Fierro.

Puro sentimiento
Oí a un distinguido semiólogo argentino decir que a la gente que le gusta el tango, diga lo que diga, lo hace más que por las letras, la música o cualquier teoría social, por el sentimiento que transmite y eso es lo que logran estas orquestas; sin notarlo uno se encuentra inhalando y exhalando a la par que los bandoneones se abren y se cierran en primera fila enfrentados a la audiencia.

Unos meses antes había tenido mi primer encuentro en vivo con este género en uno de esos lugares que ningún turista se pierde, sea Señor Tango, El Viejo Almacén o La Esquina de Carlos Gardel, para ver esas funciones que se acompañan con una copa de vino tinto, tarareando el tan manoseado Cambalache y apreciando a los músicos y bailarines que en una sincronización perfecta efectúan cada paso, cada mirada cómplice y cada nota entonada. Es como ver cualquier coreografía del teatro de revista que engalana la avenida Corrientes, lo que no es un halago.
 
Cuando terminó esa función, si bien -despreciablemente- no la pasé mal, no podía dejar de pensar en cómo toda esa fabricación pervertía la esencia de una de las expresiones culturales más valiosas que se han concebido en Argentina, convirtiéndola en otro producto que el visitante cándido sobrepaga y se lleva de souvenir, con foto incluida, aunque lo que presenció no sea más que un molde carente de todo el contenido sustancial que lo originó. Así se convierte en un cliché explotado en el tango for export, como se lo llama despectivamente puertas adentro, ese que según aquellos que sí se sienten comprometidos con esta profesión “se hace sólo por la guita”.

No en vano el tango vivió más de dos décadas en un aletargamiento, contorneándose para la lucrativa industria cultural en un bis roído de las más reconocidas orquestas típicas que alcanzaron la cumbre en los cuarenta.

Para 1998 con la Fernández Branca (ahora Fernández Fierro) como pionera, y el movimiento La Máquina Tanguera que convocó a músicos para afrontar las problemáticas de esta conformación, a inicios del milenio empezaron a resurgir las orquestas típicas volviéndose uno de los puntales que están sacando al género de ese “pozo”, como lo describió Agustín Guerrero director y pianista de Cerda Negra, una de las más nuevas y prometedoras, que tiene la particularidad de que sus integrantes tienen entre 17 y 21 años, con excepción de un par más grandecitos.

Desde pequeños
Cuando los visité en su cuarto de ensayo en la universidad de Maimónides, me contaron que les pasa muy seguido que el público espere casi enternecido ver tocar a los chicos, ¡tan lindos!, y que lo que más los satisface es verlos salir diciendo ¡cómo tocan los pibes!.

Y es que estos pibes se toman su labor muy en serio, todos estudian música y convienen en que lo que están forjando es una responsabilidad con esa tradición que los apasiona y que ven como un terreno fértil donde todavía se puede hacer mucho.

Esteban Casati, uno de sus violinistas acotó “si se muere el tango esto ya no sería Buenos Aires”, y los demás asintieron respaldando una de las razones que los lleva a emprender este reto.

Verlos en acción comprueba la convicción que los motiva, en su repertorio de clásicos de los mencionados años cuarenta tanto como en El Flaco y La Bronca del Pueblo compuestos por su director, cautivan por la entregada y sensata ejecución que realizan. Escuchándolos tan solo una vez se reconoce, especialmente por sus innovaciones compositivas, que están apuntalando el tango que se viene.
 
A la Orquesta Típica Fervor de Buenos Aires la vi por primera vez en uno de esos habituales domingos de la calle Defensa. Su estilo milonguero heredado de Di Sarli, es decir más rítmico y por ende bailable, congregaba en los helados 5° de esa tarde a caminantes que se veían atraídos por la emotividad que desprenden con su tono sentimental, inclusive dulce, de abordar esta música popular.

Estas últimas dos orquestas son parte de las siete que conforman la Unión de Orquestas Típicas, asociación que intenta fortalecer la presencia de esta marcha y de fomentar las creaciones recientes.

Todas las orquestas mencionadas funcionan como cooperativas, esto es que trabajan de manera horizontal, cada miembro tiene una función, todos participan en los procesos internos, se autogestionan y los ingresos se reparten en partes iguales.

Este tipo de organización es uno de los más nobles legados de Osvaldo Pugliese -el señor representado en ese stencil que casi me cuesta la expulsión del CAFF- pianista, compositor y director calificado de “San Pugliese” como mito popular, y quien es sin duda germen de inspiración de solidaridad, constancia creativa y compromiso social para esta ola de tangueros contemporáneos.

Si bien nunca faltarán quienes se afincan en los estereotipos, también están los tangueros que entienden que el respeto a su herencia no significa duplicar lo que está entronizado, sino ser capaces de apropiarse de ello y darle matices distintos, explorando lo que se hizo en el pasado e integrándole ese ahora tan necesario para que su lenguaje sea, como lo fue en su momento, algo con que identificarse, pero teniendo la cautela de no caer en lugares comunes.

Mientras el llamado tango electrónico se está tomando la calle Florida y los estantes de las disquerías, este otro tango -que se escurre por los espacios que no se citan en las guías turísticas oficiales- guarda como acto de afirmación hacia sus raíces una de las experiencias más auténticas del Buenos Aires de estos días, ese que no se deja embaucar por unos pesitos.

Estos pibes se toman su labor muy en serio, todos estudian música y convienen en que lo que están forjando es una responsabilidad”.

Mayor información:
www.fernandezfierro.com
www.cerdanegra.com.ar
www.fervordebuenosaires.com
www.orquestodromo.com.ar


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