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Edición del DOMINGO 7 de Octubre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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San Rafael de Caracas la más premiada
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Isabel Pocaterra (segunda de izq. a der.) y su equipo, en su oficina de Caracas.
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El equipo de venezolanos  Arqui5 ganó el Holcim Awards 2006. Un certamen que premia los mejores proyectos sustentables. Su programa de habilitación física San Rafael-Unido logró coronarse entre más de 3.500 postulantes del mundo.


Aunque fue Europa la pionera en trabajar construcciones con menor impacto ambiental o con  fines de integración social, ahora es Latinoamérica la que avanza firme en planes sustentables y sostenibles. Poco a poco las complejas soluciones sociales y ambientales van perdiendo cierto tinte privilegiado de sociedades,  donde combatir el hambre es más importante que preservar las especies.

Los arquitectos e ingenieros latinos  han aprendido cómo aplicar sus conocimientos en proyectos que se ajustan a las realidades de sus países. Cómo explotar un espacio al máximo, visualizar el aspecto estético (de arriba) e idear qué hacer con el suelo (de abajo). Colocar términos no aprendidos en la universidad para describir ventajas de un plan ideado por ellos y matar ‘varios pájaros de un solo tiro’: funcionabilidad, durabilidad, accesibilidad, menor inversión, elevación de autoestima de la gente, mejor educación, más empleo, y  todo esto, sin impactar nuestro ya tambaleante medio ambiente.   
    
Quizás esa fue la característica diferenciadora que tuvo a su favor el trabajo presentado por el  equipo de venezolanos Arqui5, que se inscribió  al concurso Holcim Awards y obtuvo  el primer lugar.  
  
Cuatro veces Santa Ana
Tan sencilla como común resulta hacer una escalera. Uno, dos, tres escalones. En fin, no tienen ciencia. Sin embargo, para Isabel Pocaterra, directora de Arqui5, fue la ‘escalerología’ una de las novedades de su proyecto San Rafael-Unido, un plan integral de habilitación física en un cerro de la zona marginal de Caracas, Venezuela. Un sistema de escaleras que una a las comunidades sobre un terreno sumamente irregular.   
   
Según las descripciones de Pocaterra, el cerro San Rafael es parecido al  Santa Ana de Guayaquil, antes de su regeneración, pero cuatro veces más grande y  sobrepoblado. “Imagina un sector marginal donde viven miles de personas sin servicios básicos. Que se han acostumbrado por años a arreglárselas sin alcantarillado ni ductos de agua potable. Un sitio dividido por grupos que mantenían  rencillas profundas, que no podían ni verse, peor trabajar conjuntamente para el mejoramiento de su comunidad, de su barrio”.
 
El plan, a más de trabajar bajo esquemas de arquitectura sustentable, también se preocupó por elevar el nivel de vida de sus habitantes  mediante el trabajo mancomunado de todos. El aspecto social fue factor primordial dentro de la nueva estructura de San Rafael. Ciertamente, Arqui5 participó en el concurso con un proyecto arquitectónico real, financiado y puesto en marcha en Caracas, aunque explica Pocaterra  que pudieron inscribirse con los planos de un trabajo no construido ni aprobado por  cliente alguno.

Modelo alternativo
San Rafael-Unido, de la parroquia La Vega, se inició en 1999, cuando ganaron el concurso de ideas promovido por el gobierno de Venezuela, para desarrollar propuestas urbanísticas con enfoque de ética social.  
 
Luego de numerosos estudios técnicos plantearon una red de escaleras públicas como vialidad peatonal, la inclusión de espacios para la integración social, vialidad externa a fin de facilitar el acceso hacia zonas aisladas, generando lugares para nuevos edificios  públicos generales.   

La propuesta debía cumplir con parámetros como ser innovadores y transferibles, es decir, replicables a otros contextos. Asimismo cumplir con estándares éticos, de equidad social, poseer cualidades ecológicas, proponer soluciones económicamente racionales y responder al contexto con valor estético.

A fondo
San Rafael es la menor de las zonas en las que se divide el asentamiento informal de la parroquia  La Vega, con un área de 26 hectáreas. Tiene pendientes muy fuertes, está aislada y se relaciona con otros sectores solo a través de la carretera Negra. Permanece rodeada por zonas no ocupadas de propiedad privada y parque nacional.
  
El proyecto se realizó según los lineamientos del anteproyecto urbano  que la comunidad aprobó en el 2000. El esquema propone la construcción de un sistema vial en la periferia del sector, afectando la menor cantidad de viviendas. En las  calles se ubican edificaciones de uso público, instalaciones educativas y deportivas. Nuevas casas para sustituir a las que serán afectadas, además de zonas residenciales privadas. El sistema vial posee tres funciones: permitir el acceso a las zonas altas, limitar el crecimiento del asentamiento y proveer tierra adecuada para un equipamiento urbano.
 
Se adicionó el diseño de la vialidad peatonal, que es una red de escaleras públicas. El plan  de una escalera está a medio camino, entre un proyecto arquitectónico y uno de vialidad. Decidieron explorar diversos procedimientos para diseñar escaleras confortables, que permitan el ingreso a todas las viviendas e incluyeron canales de drenaje, tuberías de cloacas, acueducto e iluminación.

Muchas veces el ancho útil es menor de 15 metros y la pendiente mayor del 50%. “Encontrar la solución adecuada fue un verdadero desafío. Así también representarlas. Tuvimos que integrar los planos de arquitectura  con los de servicios y tomamos prestadas simbologías de varias disciplinas”, señala Pocaterra. 
   
Espacios problemáticos
Para resolver el contacto con carretera Negra (calle de difícil acceso), que presenta inestabilidad, acumulación de basura y contaminación visual, propusieron  una edificación poco convencional con una estructura de ritmo fuerte, que sostuviera una serie de plazas y pasillos de distintos niveles sin intervenir los muros existentes.

La idea era que la construcción de ese frente ayudara a impulsar  la propuesta de habilitación, reforzando la identidad del sector. (A.G.)


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