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Edición del DOMINGO 7 de Octubre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Estampas porteñas, necesaria nostalgia
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Texto: Moisés Pinchevsky

Costumbres y vivencias del Guayaquil de antaño conforman una publicación que desde el 2000 ha venido gestándose en las páginas de EL UNIVERSO.

En el siglo XIX y hasta mediados del anterior, el hombre guayaquileño nunca habría pensado que podía enamorar a una mujer enviándole correos electrónicos a través de un sistema de comunicaciones llamado internet.

Por eso el galán porteño conquistaba a su pretendida ‘tirando pescuezo’ en la esquina (ver glosario), enviándole mensajitos en papel, llevándola a bailar al American Park (con la compañía de un chaperón) y, cuando la familia de ella lo aprobaba, visitándola en su casa entre las ocho y nueve de la noche. Pasada esa hora, la mamá se asomaba con cara de sueño y, ¡zas!, se acababa la visita.

El estilo de vida de ese Guayaquil se asoma en las 80 páginas del libro Estampas porteñas, texto producto de la suma de 33 guayaquileños nostálgicos que colaboran con la homónima columna que EL UNIVERSO publica diariamente en julio y octubre desde el año 2000.

Germán Arteta es el editor y coordinador de ese trabajo que reúne a autores conocidos como Guido Garay, José Antonio Gómez Iturralde, Rodolfo Pérez Pimentel y Jenny Estrada. Pero que también tiene el mérito de contar con ‘no escritores’ que narran con lucidez, memoria y pasión aquello que vivieron hace veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta años, señala Arteta sobre este trabajo que tiene ilustraciones del conocido artista Luis Peñaherrera.

Habrá muchos adultos mayores que se sientan identificados. ¿Cómo olvidar las radionovelas, la tendencia de curar la tuberculosis con leche de burra o las funciones en el cine Encanto?

Pero también habrá muchos jóvenes que se sorprenderán al leer que las amas de casa en el mercado solían contratar a un ‘canastero’ para que hiciera las veces de ‘carrito de supermercado’, para luego preparar alimentos como el meloso de gallareta; y luego venía la siesta en la hamaca.

Claro que los niños serán los más sorprendidos al enterarse de que sus padres, abuelos y bisabuelos sobrevivieron a la falta del Play Station entreteniéndose con el juego de la raya, apostando con billusos, alquilando revistas en los quioscos y que se arrodillaban cuando veían a su padrino.

¿Por qué es importante despertar el ayer? Cuatro coautores de Estampas porteñas nos brindan sus muy actuales impresiones.

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