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Letras y Notas: Ian Gibson, biógrafo

“Ulises ha marcado mi vida”

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MADRID. Ian Gibson, hispanista irlandés y experto en la vida y obra de Federico García Lorca, en una cafetería del madrileño barrio de Lavapiés.
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Octubre 07, 2007

Patricia Villarroel | MADRID

El hispanista, de origen irlandés y nacionalizado español en 1984, es conocido por sus trabajos biográficos sobre Federico García Lorca y Salvador Dalí. También ha escrito sobre Rubén Darío, Antonio Machado y su próxima biografía será la del cineasta Luis Buñuel.

Dicen que Lavapiés es uno de los barrios más multiculturales de España. Quizás por ello, Ian Gibson, biógrafo del poeta Federico García Lorca, disfruta tanto al caminar por esas estrechas y semiempinadas calles madrileñas donde descansan dos efigies de la Virgen del Cisne.

Entre las obras más célebres de este irlandés de 67 años, destacan la biografía del autor de Bodas de Sangre titulada Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca y La vida desaforada de Salvador Dalí. En su último libro, El hombre que detuvo a García Lorca, reúne la documentación de sus investigaciones que iniciaron en 1965 para probar la implicación directa de Ramón Ruiz Alonso, tipógrafo de profesión y político ultraderechista reaccionario, en el arresto y la denuncia que terminó con el fusilamiento del poeta.

En una cafetería de Lavapiés, un vecindario que Gibson escogió para vivir porque los ‘pisos eran más baratos’ y porque le encanta hablar con ‘gente de todo el mundo’, se da este diálogo que le lleva a emocionarse hasta bordear las lágrimas. El culpable: Lorca.

¿Qué mató a Federico García Lorca?
Ramón Ruiz Alonso, su verdugo, lo odiaba por su condición de rojo y porque era homosexual, pero creo que lo determinante fue la envidia que tenía hacia su figura, su genio. Una persona puede justificar un asesinato por odio, pero por envidia no lo va a reconocer.

¿Por qué sigue siendo un tabú su muerte?
Con el paso del tiempo hemos conocido más detalles de su fusilamiento, el 18 de agosto de 1936. Lo que sucede es que en la España de la transición se acordó una especie de pacto de silencio. Se pensó que, por el momento, no había que remover lo que había sido la guerra. Mientras unos tuvieron 40 años para desenterrar sus muertos, los republicanos no se podían acercar a las fosas. España no será normal hasta que no se haga justicia por los muertos del otro bando.
 
Pero su familia se rehúsa a incinerar los restos.
Temen que se convierta en un circo mediático porque estamos hablando de uno de los poetas más famosos del mundo. Yo no comparto esta postura porque no sabemos con certidumbre si está enterrado al lado de un olivo junto al camino de Víznar a Alfacar (Granada). Hay miles de versiones orales que circulan. Incluso, dicen que está enterrado en la cripta de la catedral, lo cual es imposible pero la gente se lo cree.
 
¿Y usted cree que está en ese paraje?
Visité el lugar con el hombre que lo enterró, Manuel Castilla Blanco. No creo que mintiera. Tenía 16 años, le llamaban Manolo El Comunista. Aquella mañana le dijeron que tenía que enterrar a cuatro fusilados. Uno era el maestro García Lorca y él lo reconoció.
 
¿Cómo ha reaccionado la familia por sus investigaciones?
No me hablan. He hecho mi trabajo, tengo derecho a opinar y eso les ha ofendido. Hasta que se publicó la biografía que hice de Lorca, nadie hablaba de su homosexualidad porque, claro, escandalizaba.
 
Pero  esta es fundamental en su obra.
Absolutamente. Recuerdo que me arrodillé de la emoción cuando encontré un escrito dirigido a su amigo Rafael Martínez Nadal con su puño y letra, en el que le decía algo así como: ‘acabo de llegar de Cuba y tengo bajo el brazo mi poema más homosexual’.
 
¿Cómo describiría a Lorca?
Era enigmático, misterioso. Único.

¿Y a Ruiz Alonso?
Fanfarrón, fascista, un católico fanático. Quería ser conocido, ser escritor. Publicó un manual fascista en plena guerra civil. Dijo a un periodista granadino que dejaría su versión sobre la muerte de Lorca por escrito. Se lo he pedido a sus hijas, pero no han respondido.

¿Cómo fueron sus encuentros con él?
Me dieron una pista y di con él en el Instituto Balmes, en Madrid. Corría 1967 y me planté en su despacho. Toqué a la puerta y una voz ronca y estentórea me invitó a entrar. Me miró a los ojos y soltó esta frase: ‘es usted la segunda persona que tiene cojones de hablar conmigo cara a cara’. Aceptó su participación en la detención pero me dijo que obedeció órdenes para llevar a Lorca de la casa de la familia Rosales (falangistas) al Gobierno Civil.
 
¿Le sigue arrancando lágrimas leer la última página de la biografía de Lorca?
Sí. Soy muy sentimental. No puedo ver Bodas de Sangre, me desborda. Vivo la tragedia, el dolor de una manera personal.
 
¿Ahora mismo, qué verso lorquiano le viene a la cabeza?
“Era la misma pena cantando detrás de una sonrisa”. Lorca definía así a un cantaor de flamenco, pero para mí es su propia definición. Es un hombre que sufrió mucho, conoció el dolor, el desamor y la pérdida y que canta a su pena como los grandes cantaores.
 
¿Se puede ser de derechas y amar a Lorca?
¡Cómo se puede apreciar en profundidad el grito de dolor que emana de la obra de Lorca si se piensa que los homosexuales son gente perversa! Su obra es un canto a la libertad del individuo.
 
¿Cuál es su próxima biografía?
Preparo la de Luis Buñuel.
 
Es una forma de cerrar el triángulo: Lorca, Buñuel y Dalí…
Voy a dedicar entre 4 y 6 años para completar la trilogía. Tengo que hacer libros que se puedan vender. La biografía de Antonio Machado ya han dicho que no la traducirán. La de Buñuel, en cambio, la podrán traducir a diez idiomas. La verdad es que hay que ser un poco masoquista para haber hecho una biografía de Machado.
 
¿Y qué le atrae de Buñuel?
Su ternura detrás de esa máscara de macho. Como Lorca, él está con los abandonados, los mendigos, los niños, los perseguidos, las mujeres que no tienen libertad. Le fascina el tema religioso que a mí también me encanta como ex creyente. Es surrealista y eso me fascina. Es un hombre lleno de anécdotas y eso es muy atrayente para un biógrafo.

¿Hay un límite para el escritor sobre lo que se puede contar de la vida privada del personaje?
Es muy difícil respetar la intimidad, pero prevalece la ética profesional y personal. La familia de Lorca me quiso poner una querella porque en una entrevista a Dalí, en El País, él contaba las propuestas sexuales que le hacía Lorca.
 
¿Qué le sorprendió de la relación Dalí-Lorca?
Fue una relación maravillosa, con Buñuel en medio. Se conocieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Lorca se enamoró perdidamente de él. Después de su muerte, Buñuel y Dalí recordaban esos días heroicos que fue la época más feliz de su vida.

De los personajes de América Latina ¿a quién le gustaría biografiar?
A Vargas Llosa, José Donoso o García Márquez. Paso investigando y leo pocas novelas. Me duele porque me gustaría conocer mejor la obra de Borges, por ejemplo. Me hace falta tiempo. No soy un jubilado.

¿Qué lo llevó a ser hispanista?
Fue una casualidad maravillosa. En Dublín, cuando entré a aprender literatura francesa, había que aprender otro idioma, me ofrecieron italiano o español. Opté por el segundo. Con Rubén Darío me encendió la pasión. Sin Rubén Darío, Lorca no es Lorca.

¿Su familia no quería que se haga pastor protestante?
Yo creía que me llamaba Dios, tal vez me llamaba, pero le dije que no. En eso me ayudó la literatura.

Y James Joyce se convirtió en su héroe literario.
Sí. Su obra, Ulises, ha marcado mi vida. Todavía tengo el ejemplar que leí hace años, todo subrayado. Como con El Quijote, hay que volver a él. Me enriquezco al leerlo de nuevo, aunque sea solo una página. Joyce es el más grande de Irlanda.


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