De lo sucedido en ese Clásico del Astillero en el estadio del Barcelona, culpable es la sociedad, o sea, nosotros, que cuando hubo señales de brotes de incidentes se habló, todos repudiamos, y casi un mes después ahí quedó como hecho anecdótico. ¿Qué se hizo? ¡Nada!
Las mal llamadas barras bravas son causantes de las últimas desgracias, pero no es menos cierto que nosotros los asistentes al estadio también lo somos. ¿Por qué? Quienes ingresan a las suites (estadio Monumental) van subiendo a los distintos pisos y se dirigen por los corredores; esos hinchas, muchos del Barcelona, comienzan a mirar, más de uno, despectivamente, a los hinchas del Emelec que ingresan a la preferencia; entonces los de esta hinchada (azul) empiezan con el insulto, a lo cual los que van a suites comienzan a tirar objetos e insultos. Todos los partidos que se juegan en dicho estadio entre estos dos equipos de Guayaquil son lo mismo. Eso lo ven niños y adolescentes que después creen que así se actúa para ser “buen” hincha, y peor aún un buen ciudadano. Soy barcelonista y lamento decir esto, pero es la verdad, y parte de eso provoca desgracias. El fútbol es para divertirse, no para agredir ni matarse unos a otros. Este es el reflejo de nuestra sociedad y de lo que muchos actuales políticos y gobernantes también demuestran.
Randy Assán Villa
ingeniero comercial, Guayaquil
El impacto y posterior fallecimiento por efecto de una bengala explotada en el pecho del niñito Carlos Cedeño Véliz, lamentable hecho de sangre sucedido en el último Clásico del Astillero en el estadio del Club Barcelona, sigue concitando en muchos de nosotros rechazo, y pone en mal predicamento la seguridad inexistente en los escenarios deportivos del país.
Hasta el momento las autoridades no dan con el paradero del vándalo causante de esta lamentable tragedia.
Es necesario que las personas sensatas que se encontraban en el lugar desde donde se disparaban esos artefactos mortales ayuden a la Policía Nacional en las investigaciones, para dar con el paradero de autores, cómplices y encubridores del mencionado hecho de sangre.
Ojalá fuera posible que el Gobierno Nacional o el Municipio de Guayaquil ofrezca una recompensa halagadora a la ciudadanía, para obtener los datos necesarios que lleven a la captura de los delincuentes que acabaron con la vida del niño, quien –según informaron– con sus tiernas manitos trató de arrancarse del cuerpo el artefacto mortal.
Franklin Alvarado Acosta,
Guayaquil