El director regional sur de la Unión Mundial por la Naturaleza sostiene que hay interesados en la propuesta del Gobierno de proteger el petróleo del campo ITT, pero solo si los fondos se usan para apoyar el ambiente.
No se puede condicionar, se debe comunicar una decisión que sea firme para así conseguir apoyo, dice Robert Hofstede, director regional sur de la Unión Mundial por la Naturaleza (UICN), al analizar la propuesta del Gobierno ecuatoriano de dejar en tierra el petróleo del campo ITT, en el Yasuní, si es que la comunidad mundial financia $ 350 millones anuales, la mitad de lo que obtendría al explotar el crudo.
La propuesta ecuatoriana, que según el Gobierno busca evitar impacto ambiental en una zona rica en biodiversidad, generó expectativas, y también ciertas interrogantes, en muchos de los casi 300 asistentes al Congreso Latinoamericano de Áreas Protegidas, desarrollado hasta ayer en Bariloche, Argentina.
El proyecto lo debía exponer, en una plenaria, la ministra de Ambiente, Ana Albán, pero no llegó. Lo hizo, en un espacio distinto al proyectado inicialmente, la subsecretaria de Capital Natural, Cecilia Mantilla.
Hofstede presentó a la funcionaria. Horas antes analizó, en una entrevista con este Diario, la factibilidad del plan promovido por el gobierno del presidente Rafael Correa.
¿Cómo está tomando el mundo la propuesta ecuatoriana de dejar el petróleo en el Yasuní?
Es muy interesante y está latente. De tres o cuatro sectores nos han preguntado y se ha discutido sobre la propuesta.
Hay sectores académicos que lo ven técnica, financiera y legalmente interesante desde el punto de vista teórico.
Sectores académicos de España e Italia dijeron estar dispuestos a apoyar y pidieron nuestra opinión. Las ONG igual, y muy silenciosamente de otros gobiernos también nos preguntan.
¿Cuáles son esos interesados y qué les han pedido como referencias a la UICN?
Gobiernos de Alemania e Italia. Funcionarios gubernamentales de países sudamericanos involucrados con petróleo. No puedo citarlos para no ponerlos en compromiso; las ONG grandes, a nivel internacional, quieren ver cómo aplicar el modelo.
¿El Gobierno del Ecuador les ha dicho a ustedes que sean los interlocutores, y les han mostrado de qué se trata este plan?
A nosotros, los ministerios de Ambiente y Relaciones Exteriores nos han dado datos sobre la propuesta. Nos han explicado que se trata de buscar otro modelo de desarrollo no dependiente del petróleo. Sin embargo, eso significa dejar de recibir millones de dólares de ingresos por petróleo y se pide al mundo, mediante diferentes mecanismos, por lo menos compensar la mitad de esos ingresos.
Se habla de 350 millones de dólares al año. ¿Podría el mundo ambientalista responder con ese dinero, que bien podría dedicarse a otros proyectos?
Es un enorme (hace un gesto y pone mucho énfasis en esa palabra) desafío. No sé si se logre, pero es un desafío grande. No importa decir en qué otra cosa se podrían invertir esos fondos, sino lo interesante es en qué va a invertir el Ecuador.
Me han explicado que en parte servirá para financiar el Plan nacional de desarrollo presentado por Senplades (Secretaría Nacional de Planificación).
Entonces invitaría al Ecuador a garantizar que esos fondos seguramente van a ir a actividades que apoyen al ambiente y que no terminarían en una línea de actividades no sustentables, como la construcción de carreteras en otras áreas no protegidas, por ejemplo.
Pero Ecuador puede decir este es mi dinero y puedo invertir en lo que sea. ¿O es que hay condicionamientos para dárselo?
Hay un mecanismo diseñado para que haya una independencia del fondo, para que no pueda ser tocado cuando cambia el gobierno. La idea es que se evite el hecho de que después digan es mi fondo y hago lo que me da la gana.
¿Entonces ese dinero no sería para cubrir subsidios u obras de promoción política?
Cuando se pone plata para financiar temas ambientales se trata de evitar el goteo, o leakage en inglés, que significa que el aporte sale poco a poco a otras actividades y no se quiere que eso pase.
Hoy la gente, los gobiernos, las ONG mundiales están interesados en poner su plata en Ecuador para proteger el Yasuní, pero si esa plata el Gobierno la pone en otro lado, eso no sería lo ideal.
¿Hay predisposición del Gobierno ecuatoriano?
Claro que hay, pero la predisposición es una y el mecanismo es otro.
¿Está definido el mecanismo?
Se está diseñando; no está abiertamente discutido, pues si bien el mensaje está emitido, la propuesta sigue siendo propuesta. Las diferentes organizaciones apoyamos de varias maneras. Nosotros, como UICN no vamos a poner fondos sino que brindamos espacio en nuestra red para diseminar la idea. Ahora en esta fase hay aún algunas partes del mecanismo, no solo en el ámbito financiero sino en la parte técnica, que merece un poco más de trabajo.
¿Qué tiempo tomará?
Es difícil. Por ejemplo, en la parte técnica, el propio tema de la deforestación evitada, que Ecuador pone como argumento para pedir el dinero y mantener el petróleo en tierra, no es un tema aceptado internacionalmente como mecanismo para evitar el cambio climático; es evidente que se aporta.
Eso da razón a sectores que dicen que se debe explotar pero aplicando reglas estrictas de conservación. ¿Se puede hacer eso?
No me pertenece decir si otras alternativas son mejores o peores. Pero claro, existen ideas y mecanismos de explotación con mínimo impacto, pero que cuestan mucho más.
Entonces, una buena alternativa puede ser que no pida a la comunidad internacional plata para no explotar el petróleo sino para cubrir el costo extra, que significa extraerlo con mínimo impacto ambiental. Porque surge la idea de que es difícil decir no voy a explotar, es como estar durmiendo en una cama pobre cuando debajo hay una caja de oro. Pero esta propuesta encierra el hecho de que si no logro la plata igual voy a explotar. Hace falta un poquito más de compromiso.
¿O sea es solo presión o una forma de decir: si no me dan la plata yo exploto?
Son sus palabras.
¿Pero no perciben eso ustedes?
Hay gente que piensa de esa forma y por eso la comunicación debe ser muy cuidadosa; mejor será decir que se busca un nuevo modelo de desarrollo sin el petróleo para evitar que se piense como usted lo dice.
Perfil
ROBERT HOFSTEDE
EDAD Y PROFESIÓN
42 años. Biólogo holandés, graduado en la Universidad de Amsterdam.
EMPLEOS
Tiene 20 años trabajando en países sudamericanos en labores ambientales.