Líder guerrillero no pudo ‘liberar’ Bolivia, país que ahora tiene un presidente indígena.
Enfermo, hambriento, harapiento y extraviado, en una región agreste y casi despoblada, sin mapas ni reclutas, ni comunicaciones ni provisiones, Ernesto Che Guevara fue capturado y asesinado en Bolivia hace 40 años, porque lo abandonaron sus amigos de Cuba, incluido Fidel Castro, y los comunistas pro-soviéticos bolivianos y del resto de América Latina.
El guerrillero argentino-cubano que fue uno de los principales comandantes de la revolución cubana que lideró Fidel Castro y que luego decidió extender su lucha armada en otros países de África (Congo Belga) y de América latina, tenía en Bolivia prácticamente a todo el mundo en contra y sabía que en esas condiciones tan negativas su fin era inevitable.
Su diario incluye numerosas alusiones al desastre. Nueve días antes de morir escribió: “Ahora el ejército está mostrando más efectividad en su acción y la masa campesina no nos ayuda en nada y se convierten en delatores”, escribió nueve días antes de rendirse. Agregó: “La tarea más importante es zafar (salir del cerco militar) y buscar zonas más propicias”.
Su guerrilla de 23 bolivianos, 16 cubanos y 3 peruanos se redujo a un tercio por muertes en combate, capturas, deserciones, y lo agreste de la selva. El 8 de octubre, en la quebrada del Churo, tras ver morir a sus compañeros y quedar herido en una emboscada de rangers bolivianos y agentes de la CIA, optó por rendirse. Y gritó: “Soy el Che. No disparen más”.
Al día siguiente, cuando el sargento Mario Terán –por orden del dictador René Barrientos– entró borracho a la escuela de la aldea de La Higuera, donde estaba recluido, el guerrillero le dijo: “Usted ha venido a matarme”. Con voz de mando ordenó a su verdugo: “Serénese y apunte bien. Va usted a matar a un hombre”.
Así lo relató Terán al entonces ministro del Interior, Antonio Arguedas: “Di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y comenzó a regar muchísima sangre. Recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en un hombro y en el corazón. Ya estaba muerto”, concluyó el sargento.
Sus restos fueron enterrados clandestinamente y aunque en 1997 fueron exhumados y sepultados en Santa Clara, Cuba, algunos de los que participaron en su ejecución afirman que son falsos y que nunca se les hizo un examen de ADN -lo que niegan autoridades cubanas- y se buscó réditos políticos para desviar la atención de los problemas de Cuba en esa época.
Sus enemigos
A Ernesto Che Guevara querían eliminarlo las dos superpotencias de su época: la Unión Soviética y Estados Unidos.
Historiadores exculpan a Fidel Castro por abandonarlo en Bolivia, al afirmar que fue obligado por sus padrinos soviéticos. El escritor argentino Pacho O’Donnell, en su biografía de Guevara señala que “en un documento desclasificado de la CIA (...) puede leerse que a fines de 1966 (Leonid) Brezhnev (presidente de la URSS) criticó enfáticamente el envío del Che Guevara a Bolivia”.
Casi todos los partidos pro-soviéticos de Latinoamérica, empezando por el boliviano que dirigía Mario Monje, criticaron y sabotearon el proyecto del Che. Por eso terminó incomunicado con La Paz y La Habana, perdido en una zona donde los lugareños eran dueños de sus tierras porque diez años atrás Bolivia había hecho una reforma agraria.
“Su principal arma propagandística, la presencia del mítico Che Guevara combatiendo en el sudeste boliviano no fue divulgada y la ignoraban los militantes izquierdistas de Bolivia y latinoamericanos, que se hubieran incorporado a la insurrección”. Solo la conocieron la CIA y el gobierno barrientista.
Además, según biógrafos del Che, este identificó “contradicciones” en el modelo soviético –del que Cuba empezaba a depender fuertemente– y acusó a Moscú de “complicidad” con la “explotación imperialista”.
Pero el fallecido Manuel Piñeiro, Comandante Barbarroja, quien organizó los operativos del Che, desechó diferencias entre este y Fidel Castro.
En 1997, en la única entrevista que Barbarroja concedió en su vida, señala que la posibilidad de enviar desde Cuba refuerzos militares para que el Che Guevara rompiera el cerco militar boliviano es “pura fantasía”.
Amigos del Che como Enrique Oltuski o su segunda esposa, Aleida March, también niegan diferencias con Castro.
Según el diario del Che, su “Ejército de Liberación Nacional” no logró reclutar a indios y mestizos del lugar, ni siquiera a uno que le dijera dónde estaban. En carta que envió a Castro en 1965 desde el Congo, cuando había fracasado su odisea previa africana, Guevara decía: “No podemos liberar solos un país que no quiere luchar”.
Quizá olvidó aquella lección al emprender su peripecia boliviana, igualmente huérfana de pueblo y sietemesina (el primer choque fue en marzo).
Cuatro décadas después de la muerte del Che Guevara, América Latina giró mayoritariamente por vía electoral a la izquierda con gobiernos de tendencias desde radicales a moderadas, sin necesidad de la lucha armada que él utilizó como método en los sesenta.
“La presencia del Che en América Latina es más profunda y real que en esa época. Él habría saludado lo de Venezuela, Bolivia, Brasil, Nicaragua, Uruguay, Ecuador”, dijo el jueves el presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón.
Los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Bolivia, Evo Morales, evocan al ex guerrillero en sus discursos; y cuando Rafael Correa ganó la Presidencia de Ecuador proclamó un “hasta la victoria siempre”, el lema del Che. Incluso en Bolivia, el sueño de un gobierno de izquierda se hizo realidad con Morales, un indígena que llegó a la Presidencia sin disparar un tiro, y que afirma que se diferencia del Che porque este “buscó la igualdad y la justicia con las armas en la mano”.
Cronología
1928, 14 de junio
Ernesto Guevara de la Serna nació en Rosario, Argentina, es descendiente del virrey español José de la Serna.
1952, 4 de enero
Viajó en motocicleta con Alberto Granados. Conoció la pobreza en América Latina.
1953, julio
Se graduó de médico y emprendió, un año después un segundo viaje por América en el que llegó a Guayaquil.
1954, 24 de diciembre
En Guatemala presenció el derrocamiento del presidente izquierdista Jacobo Arbenz y conoció a la exiliada peruana Hilda Gadea, con quien se casó y tuvo una hija.
1955
En México entabló amistad con Fidel Castro con quien desembarcó en Cuba el 2 de diciembre de 1956 iniciando la revolución.
1958, 28 al 30 de diciembre.
Triunfó en la batalla de Santa Clara y el 2 de enero de 1959 entró en La Habana.
1959
Organizó juicios sumarios y fusilamientos de cientos de policías, militares y personeros de la dictadura de Fulgencio Batista.
1965
Inicia su lucha por extender la revolución cubana en el Congo Belga.
1967
Llega a Bolivia donde es capturado y ejecutado el 9 de octubre de 1967.
1997
Sus restos se exhumaron y repatriaron a Cuba.