Serena Cook es el enlace social por excelencia para los adinerados que veranean en esta isla turística española. Ex chef de alimentos orgánicos, de Londres, dirige un servicio de concierge que ayuda a clientes, entre los que se cuentan Calvin Klein, Hugh Grant y los miembros de U2, a obtener invitaciones a fiestas de la élite, reservaciones en restaurantes en el horario más codiciado y villas deseables, cuya renta puede ascender hasta los 16 mil dólares por semana en julio y agosto.
Pero su actitud respecto a su propio entorno es relajada. Su casa tipo granja, de una sola recámara, en las colinas a las afueras del poblado de Evissa no tenía una habitación para invitados, así que arrendó una cabaña cercana para sus visitantes.
Cuando subió la renta, hizo lo que haría cualquier ibiceño ingenioso y neobohemio: compró un tipi de lona de 5 por 5,5 metros, lo mandó pintar con diseños tribales, y lo levantó un poco más allá de su piscina a la sombra de una palmera. Todo por sólo 2.165 dólares.
“Siempre tuve la idea romántica de dormir en un tipi”, dijo Cook, de 33 años, quien vive en la isla de mayo a octubre (dirige su compañía desde Londres en el invierno) y ha amueblado la habitación con una cama matrimonial, veladoras mexicanas y un tapete persa. “Pero más que nada fue una manera muy práctica de crear otra habitación”.
Cook es una de un pequeño, aunque creciente, número de residentes de Ibiza que han acogido el tipi como una alternativa atractiva a las costosas ampliaciones de casas. En una isla aún fuertemente influenciada por las ideas contraculturales y el multiculturalismo de los mochileros que llegaron en tropel a la isla, en los 60, muchos consideran los tipis un lugar apropiado para pernoctar.
No es que Ibiza no haya cambiado en los 40 años desde que los viajeros mundiales empezaron a llegar allí de sitios menos templadas como Goa, Marruecos y el sureste asiático y se hicieron de fincas deterioradas.
Pero incluso ahora, cuando la isla se ha convertido en un refugio para miembros del jet set, como Kate Moss y Jade Jagger, casi todos los restaurantes de moda, clubes nocturnos y fincas convertidas en hoteles boutique están decorados con artículos pseudo espirituales como estatuas de Buda, pinturas de deidades hindúes y cojines marroquíes bordados para el piso. El tipi, que atrajo la atención por primera vez en Ibiza hace diez años, cuando un centro de yoga importó varios para alojar a sus alumnos, fue una opción natural para la isla.
Jagger ayudó a impulsar su causa poco después, cuando levantó un tipi con una esfera de discoteca y alfombras marroquíes en los jardines de su finca en Sant Joan, una especie de acaudalado enclave estilo hi-ppie en el norte (desde entonces, ha agregado un segundo). Luego, el año pasado, tipis de lona fabricados por una compañía española, Tipiwakan, empezaron a venderse en la tienda 100% Ibiza.
Los precios van de los 2.500 dólares (por un modelo de 5 metros de diámetro y 5,5 metros de alto que puede alojar a hasta ocho personas) a 7.495 dólares (por uno de diez metros para hasta 25 personas). Guillermo Fernández Oriol, propietario de 100% Ibiza, vendió doce tipis el año pasado, afirmó; este verano ya había vendido quince antes de que iniciara agosto, su mes de mayor trabajo.
Los tipis parecen ser particularmente adecuados para el verano de Ibiza, con sus noches frescas y clima mediterráneo seco. Para calefacción, se puede colocar un pequeño pozo para una hoguera en la tierra al centro, pues los tipis carecen de piso, y un faldón cerca de la punta del tipi puede ser abierto como chimenea.
La mayor desventaja es la falta de un baño. Christelle y Matt Jones, pareja que se mudó de Londres a Ibiza, hace dos años, con sus cuatro hijos, tuvieron que reubicar su tipi del patio trasero a un lugar más cerca de la casa debido a las quejas de los invitados sobre la aventurada caminata al baño a medianoche.
Cook, mientras tanto, opta por ceder su casa a sus invitados, y usar el tipi ella misma.
“Pero cuando se levanta el Sol en la mañana”, dijo, “se pone como un horno adentro”.