Cuando Rudy Giuliani se detuvo, justo a mitad de un discurso reciente ante la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), y dijo que tenía que contestar una llamada de Judith, su esposa, pudo haber sido que realmente olvidó apagar su teléfono.
También pudo haber planeado la llamada, como afirman algunos críticos, para suavizar su imagen o bien pudo haber sido un intento de aminorar la tensión en una sala en la que Giuliani, candidato presidencial republicano, no era universalmente querido, dada su postura anti-armas cuando era alcalde de Nueva York. Para algunos fue un hito, no sobre la política, sino sobre los celulares.
¿Acaso están tan a gusto los estadounidenses con las intromisiones de los celulares que ahora es aceptable contestar una llamada, incluso frente a una sala llena de gente? ¿O fue la crítica a raíz de la charla amorosa pública de Giuliani señal de que los estadounidenses están hartos de los celulares y de la gente que contesta o realiza una llamada sin importar dónde esté? “¿Cruzó la raya?”, preguntó Naomi S. Baron, profesora de lingüística en la American University y autora del libro próximo a publicarse, “Always On: Language in an Online and Mobile World” (Siempre activado: Lenguaje en un mundo móvil y en línea). “Eso implica que hay una raya”.
Las sociedades tardan en adaptarse a la tecnología, señaló Baron, y los estadounidenses aún luchan por definir las fronteras de los celulares. En Europa y Asia, donde los celulares existen hace más tiempo, y muchas de las reglas son más claras.
En Suecia, la gente no piensa dos veces en hablar por teléfono mientras va en un autobús o un tren. En Japón los teléfonos tienen un botón de “modalidad educada” que inhabilita el timbre, y se promueve su uso entre quienes viajan en autobús o tren. (A los suecos, comentó Baron, tampoco les molesta hablar en los baños públicos, aunque eso parece ser menos tolerado en otros lugares.)
Aunque a los finlandeses no les agradan las conversaciones cara a cara, hablan abiertamente por sus celulares, comentó James Katz, director del Centro de Estudios de las Comunicaciones Móviles en la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey.
En China, casi todo es aceptable cuando se trata de celulares y en Filipinas los mensajes de texto son el medio de comunicación preferido.
De acuerdo con un sondeo de 1.503 adultos, realizado por el Centro de Investigación Pew, el 82 por ciento de los estadounidenses dijo que por lo menos ocasionalmente se siente molesto por usuarios de celular ruidosos y fastidiosos en lugares públicos. Un 8 por ciento adicional dijo que ha sido blanco de críticas de otros por usar sus teléfonos en público. Pero mucha gente simplemente no lo puede evitar: entre los adultos usuarios de celulares, el 24 por ciento dijo sentirse obligado a contestar sus llamadas aunque eso interrumpa una comida o una reunión.
Más estadounidenses parecen opinar que ya es suficiente. En una creciente cantidad de lugares públicos hay recordatorios de apagar los celulares o de limitar la conversación al mínimo.