Sábado 06 de octubre del 2007 Cartas al Director

Mi moto se fue al canchón

Hago un llamado al director ejecutivo de la CTG (Comisión de Tránsito del Guayas), Ricardo Antón, para que su entidad dé cursos de buenos modales a su personal uniformado y civil, pues el llamado “Operativo grúa”, en el cual va un uniformado de la institución y personal de estos vehículos que pertenecen a compañías privadas, más que aplicar una sanción a un contraventor, parece que trataran con delincuentes.

A uno le indican que ya se tomó la foto (de la evidencia de la infracción), estando la señal de “No parquear” tapada con publicidad electoral, y enganchan el vehículo de uno y salen a carrera con los peores modales existentes sin importar si usted es hombre o mujer; y con esa actitud dan lugar a que los de la compañía de las grúas sean también atrevidos, cuando ellos no tienen nada que ver ni deben comentar sobre el conductor.

A mí me pasó eso con mi moto mal parqueada, lo cual acepto (la sanción) pues estoy consciente de mi falta; mas no de que por un documento que tomó tres días en llegar de Quito, transfieran una moto de un patio a otro, cobren por doble grúa, y aduzcan abandono, aun cuando yo estuve desde el primer momento tramitando la salida de mi vehículo; es más, pagué la grúa apenas detuvieron mi moto.

Pero una vez con la moto en otro canchón, le dicen simplemente a su propietario que debe pagar de nuevo, y uno se pregunta, ¿por qué, si aparte del tiempo perdido –ya que además no aparece el parte correspondiente– a usted lo mandan del canchón sur al norte, y al Juzgado de Tránsito, sin embargo, no avanza para nada el trámite? Y todavía, en el canchón sur, a uno le dice cierto sargento: “no lo puedo ayudar, y aquí no tenemos nada que ver”. Entonces, ¿qué más debe hacer el dueño de un vehículo en tales circunstancias?

Eduardo Campuzano,
Guayaquil

A eso de las 08:40 andaba por la calle Víctor Emilio Estrada (Urdesa) cuando observé algo muy común o “normal” en nuestras calles, un carro estaba mal estacionado en plena vía, sin apegarse a la vereda, y al parecer su conductor estaría –como es “costumbre” en estos casos– haciendo alguna diligencia rápida, por cuanto había dejado el vehículo con las ventanas abiertas.

El quemeimportismo o descuido de ese conductor para con la ciudad, al haber dejado en plena calle su coche cuando contaba con mucho espacio despejado para haberlo podido estacionar correctamente, dio lugar a que se apareciera de pronto la grúa; aquí va el meollo central de mi carta. El “operativo” es muy rápido. Uno de los sujetos se queda frente al volante del carro grúa, listo para partir enseguida, otro acompañante se baja a gatas para que no lo vean y en un abrir y cerrar de ojos engancha el carro del infractor. Esos individuos se “morían” de la risa divertidos mientras hacían su “trabajo”. Si hay que sancionar cuando existe infracción, háganlo; pero dejen de mofarse de los demás.

Mayi de Castro,
Guayaquil

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