Edición del VIERNES 5 de Octubre del 2007
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Entre bares, cervezas y el Tunga-tutunga
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lacristigye@yahoo.com

Anoche estuve en un barcito en la Zona Rosa del centro... qué rico es ver a gente tan diferente y tan iguales a la vez, todos con una cerveza y con simples ganas de divertirse...

Ahí la cerveza sale a dólar, lo que indica que con 10 dólares, ya tienes la farra montada.  El desglose: 6 cervezas, una orden de patacones con chorizo, queso y mayonesa,
$ 0,50 para el que cuidó el carro.

El único chance de que ese presupuesto se dispare es que te paren ciertos ‘vigilantes’ de la comisión de tránsito, que más bien deberían llamarse asaltantes de la coalición del pánico, porque son tan, pero tan angurrientos que con toda la cortesía del mundo te ofrecen escoltarte hasta el cajero.  Y ahí si ya de 10 ‘dólar’ la farra pasa a costar unos 60. 

Ahora, que si estuviese en Samborondón la misma cuenta tendría un costo de unos 35 en el primer caso y unos 300 en el segundo como mínimo, la tarifa de estos ‘chapas” cambia según la parte de la ciudad y para farrear ‘in’ debes atenerte a esas consecuencias.  La suerte para mí es que me encanta cruzar el puente. Cabe reconocer, que dentro de la oferta de bares de la ciudad, las opciones siguen siendo limitadas. 

Claro, también es culpa nuestra, porque no podemos evitar al cuarto trago, querer mover todas las mesas y echarnos al baile... ¿Es que no podemos estar en un bar sin bailar? La respuesta es obvia: no, y me encanta ser parte de este grupo de sangre alegre que somos los monitos.   Pero luego cuando nos preguntamos: ¿por qué no hay un bar decente en la ciudad? Acordémonos de la respuesta.

Hay otros bares simpáticos, los de Kennedy Mall, ahí hay una mezcla de personajes interesantes: los chicos del pre, o sea, los novatos de la universidad, que se sienten el último huevo del picnic porque ya son grandes, también hay harto de 45 que está buscando la segunda vuelta y gente que va con su cualquier cosita de la oficina… lo cierto es que es divertido, pero huele a pinoklin.  Nada en contra del producto, pero no es como para olerlo a profundidad.

Están también los bares de las escalinatas, que tienen su ambiente, pero tienen dos peligros claramente identificados: el primero es obvio, la salida, bajar la escalera en estado calamitoso es un riesgo terrible, uno se lo piensa dos veces antes de tomarlo.  El otro es la mala infraestructura en los baños, son los peores de la ciudad, y a punta de cerveza, el baño debe ser el mejor aliado.

Con nostalgia recuerdo los barcitos del centro en los que nos sentábamos hasta hace unos años en las mesitas de la vereda.  Veíamos los personajes: los que iban de bar en bar,  los que se arrimaban a chupar en los carros para no gastar, las peleas de enamorados en las esquinas… digo con nostalgia porque gracias a la castración urbana, perdón, a la regeneración urbana, resulta que las mesitas de afuera están mal vistas, hay que meterlas todas adentro del local, con lo cual los que gozábamos de exteriores, ahora nos sentimos pez dorado de vitrina de mall viendo el mundo detrás de un cristal.

¿En qué pensaba el Alcalde cuando mandó a guardar las mesas del Colonial?  ¿Quién penaliza a los buitres (no todos) de la Comisión? ¿Es legal cobrar 4 dólares por una cerveza? ¿Es lógico que nos invada un alma de tunga-tutunga (baile rápido y apretado) cada vez que nos tomamos tres tragos?


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