Veamos: ser una diosa total a los veinte años es normal, tienes el cuerpazo, la lozanía y a todos los hombres babeándose detrás tuyo. Que no te decidas sentimentalmente por alguno de los varios novios que coleccionas... es ¡fatal! y está súper mal visto. En cambio, si un varón de la misma edad está indeciso sentimentalmente y colecciona novias, es simplemente…“un genio” y es aplaudido y estimulado por sus orgullosos padres. A los treinta y pico, sigues siendo atractiva, te estás separando o estás soltera. Sales con un crisol de hombres, desde guapos divorciados, conflictuados cuarentones y otros que bordean los cincuenta; hasta los redivertidos y muchísimo más relajados juveniles de veinte y pico. Es que con uno de ocho años menos ¡te la pasas bomba! En cambio los varones de treinta sólo salen con las de veinte, no sea que ¡ellas sean más maduras que ellos! A los 40 y pico, si no estás casada, plan A: eres 100% material exitoso para unirte a algún partido político. Plan B, te prendes a todo tipo de salidas ultracreativas, con tus únicas compañeras de ruta: tus amigas. Mientras esperas y rezas por algún enviado “del Señor”… llámese al “huesito” que te presentan o que conoces por ahí.
Ellos… siguen ligando con las más chicas. A los 50 y pico si te arreglas o enseñas demasiado, pasas mínimo por zorra ante la mirada masculina y…femenina, ni qué hablar si te ven con algún candidato más joven que tú. Ahí le quedas chica ¡a Ivana Trump! Ellos mientras van creciendo y madurando, se ponen encantadores y comprensivos y sus acompañantes recién salen de la secundaria o están por entrar a la universidad. No conocen mujeres más grandes.
Cuando llegas a los setenta y pico, con el cuerpo hecho polvo, algunos kilos de más, maquillada exactamente como te maquillabas hace treinta años, arrugada como una pasa, con tus joyas puestas -por favor no se pierdan a nuestro gran ejemplo: la genial octogenaria Mirtha Legrand y sus dedos llenos de anillos, en sus clásicos almuerzos-, pero coqueta y arreglada, eres una espléndida señora y una mujer con estilo.
La diferencia con el mundo masculino, es que el hombre realmente es como los vinos que maduran en barricas de roble, mientras más añejo, más canas, más arrugas, más años de vida, ¡más atractivos se vuelven! Ellos salen con veinteañeras, teniendo 30 y pico, 40 y largos, 50 y tantos y no son vistos como zorros sino todo lo contrario, ¡“Grande Campeón” o “Maestro” es lo mínimo que se escucha por ahí. Ni que hablar si son ellos los traicionados por la mujer o por la ex, “unos pobrecitos cornudos”.
Si son ellas las traicionadas, son unas “víctimas y unas boludas”. Nosotras somos las primeras en ser criticadas y en criticar. Por eso, la próxima vez que veamos a una mujer madura, quizás demasiado apretada en su ropa llevando demasiados logos en su outfit y accesorios; acompañada por un joven apuesto, brindemos por ello ¡DIOSA!, pues el éxito de ella es parte de nuestra lenta y pequeña batalla para romper cavernícolas diferencias entre los géneros.
Aprendamos de nuestra otra diva local, la Sú Gimenez, ya entrada en sus regios sesenta y largos, a medida que pasan los años, mantiene su frescura y espontaneidad, eligiendo solamente a parejas más jóvenes que ella. ¡Bravo!
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