Es una máquina de tecnología israelita que emana pulsaciones de ondas de ultrasonido las que rompen y destruyen las células grasas de forma definitiva. El tratamiento es focalizado y no es invasivo, pudiendo trabajar en piernas, abdomen, cintura y espalda.
Pueden ser una o algunas sesiones de acuerdo a la necesidad de cada paciente, pero siempre hay un intervalo de un mes entre cada una, tiempo en el cual se debe disminuir casi por completo el consumo de grasas, puesto que la grasa acumulada en el cuerpo se disuelve y elimina por medio de la digestión y orina, y el proceso no será satisfactorio si al mismo tiempo el cuerpo está recibiendo lo mismo que desea botar.
“No hay riesgo, no hay dolor, cicatrices ni irregularidades en la piel, se puede hacer este tratamiento desde los 16 años en adelante, es realmente fabuloso”, explica la cirujana plástica facial Suad Quessep.
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