Tal parece que la anunciada fusión de estas empresas (Pacifictel, Andinatel, etcétera) va porque va por decisión de nuestros ya no tan nuevos gobernantes.
Ya nos olvidamos del presagio que decía que el Estado es un pésimo administrador. Por otra parte, el Ecuador, país empobrecido por la partidocracia tanto como por la burocracia, empezará por desandar los caminos andados.
No debe escapar a la memoria de los ecuatorianos el Ietel (Instituto Ecuatoriano de Telecomunicaciones) que se convirtiera luego en el Emetel (Empresa Ecuatoriana de Telecomunicaciones) y terminara en Pacifictel y Andinatel gracias a una muy onerosa escisión.
¿Regresaremos a alguna de las instituciones antes mencionadas o nos inventaremos un nuevo nombre? ¿Será cuestión tan solo de nombres?
¿No sería mejor modernizar las actuales telefónicas del Fondo de Solidaridad, y este, a su vez, desburocratizarlo de manera que respondan todas estas entidades a las expectativas de la ciudadanía?
No creo que reuniéndolas o fusionándolas se vuelvan más eficientes y dejen de quedarse atrás en la era de las telecomunicaciones para dejar paso libre, curiosamente, a las telefónicas de celulares o a las privadas con capital privado o extranjero.
Ojalá el Fondo de Solidaridad analice profundamente lo que se ha anunciado, lo medite bien y reflexione que la solución a los males no está en deshacer lo ya hecho y volver sobre los pasos ya dados, sino más bien en hacer efectivo lo que ya hay.
Francisco Silva T.
abogado, Guayaquil