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Se acabó el 11 de septiembre |
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Antes del 11 de septiembre, el mundo creía que el lema de Estados Unidos era: “Donde cualquier cosa es posible para cualquiera”. Sin embargo, eso ya no es nuestra marca de fábrica mundial. Nuestro gobierno ha estado exportando miedo en lugar de esperanza.
No hace mucho, el periódico satírico The Onion publicó un artículo ficticio que empezaba así: “El lunes, en un mitin muy concurrido frente a sus nuevas oficinas centrales en la zona cero, el ex alcalde de la Ciudad de Nueva York, Rudy Giuliani, anunció oficialmente su plan para contender para presidente del 11 de septiembre. ‘Conciudadanos del 11 de septiembre, hoy les haré una promesa’, dijo Giuliani en su discurso que duró 18 minutos frente a una bandera estadounidense achicharrada y rota. ‘Como Presidente del 11 de septiembre, voy a introducir un 11 de septiembre nuevo y audaz para todos’. De ser elegido, Giuliani heredaría los deberes del actual presidente del 11 de septiembre, George W. Bush, incluidos los de darles aspecto sombrío a las expresiones faciales, ver los conflictos del mundo en términos de bien y mal, y llevar megáfonos a todos los actos de Estado”.
Al igual que cualquier sátira buena, el artículo me hizo reír y llorar porque refleja cuánto nos hemos convertido desde el 11 de septiembre en el “Estados Unidos del Combate al Terrorismo”. No se permite que los columnistas del New York Times apoyen candidatos, pero no hay ninguna regla que diga que no puedo decir quién no obtendrá mi voto: no voy a votar por ningún candidato que use como lema central el 11 de septiembre. No necesitamos otro Presidente del 11 de septiembre. Necesitamos uno para el 12 de septiembre. Solo voy a votar por un candidato del 12 de septiembre.
¿Qué significa eso? El 11 de septiembre nos ha hecho estúpidos. Honro y lloro por todos los que fueron asesinados ese día. Sin embargo, nuestra reacción al 11 de septiembre –incluida la mía– ha sacado totalmente de balance a Estados Unidos, y ya es hora de hacer que las cosas vuelvan a ser correctas.
No es que haya dejado de creer que enfrentamos nuevos enemigos. Como consecuencia del 11 de septiembre necesitamos precauciones nuevas, barreras nuevas; pero también necesitamos recuperar nuestros antiguos hábitos y sentido de la apertura. Para mí, el candidato del 12 de septiembre es el que no solo entienda quiénes son nuestros enemigos sino quiénes somos.
Antes del 11 de septiembre, el mundo creía que el lema de Estados Unidos era: “Donde cualquier cosa es posible para cualquiera”. Sin embargo, eso ya no es nuestra marca de fábrica mundial. Nuestro gobierno ha estado exportando miedo en lugar de esperanza: “Denme sus personas cansadas, sus pobres y sus huellas digitales”.
Quizás se quiera pensar que la bahía de Guantánamo es un campo prisión en Cuba para los terroristas de Al Qaeda, pero gran parte del mundo piensa que es un lugar al que mandamos visitantes que no responden como queremos en asuntos de inmigración. No voy a votar por un candidato que no esté comprometido con el desmantelamiento de bahía de Guantánamo y con sustituirla por un hospital de campaña para cubanos pobres. La bahía de Guantánamo va en contra de la Estatua de la Libertad.
Roger Dow, presidente de la Asociación de la Industria Turística, me dijo que Estados Unidos ha perdido millones de dólares en turistas extranjeros desde el 11 de septiembre, aun cuando el dólar está débil y Estados Unidos esté de oferta. “Solo Estados Unidos está perdiendo volumen de turistas entre los países principales, lo cual es inaudito en el mundo de hoy en día”.
El total de viajes de negocios a Estados Unidos cayó 10 por ciento tan solo en el periodo 2004-2005, mientras que la cantidad de empresarios que fueron a Europa aumentó en ocho por ciento en el mismo lapso. El reciente estudio Descubra Negocios en Estados Unidos de la industria turística concluye que “el proceso para entrar a Estados Unidos ha creado un clima de temor y frustración que está ahuyentando a los viajeros extranjeros que vienen por negocios o por placer, y está dañando la imagen estadounidense en el extranjero”. Quienes no nos visitan no nos conocen.
Me encantaría salvar algo decente en Iraq que ayude a inclinar el Medio Oriente hacia un camino más progresista. Eso era y es necesario para mejorar nuestra seguridad. Sin embargo, en ocasiones lo necesario es imposible, y simplemente ya no podemos perseguir ese arco iris en esa forma.
Véase nuestra infraestructura. No es solo el puente que se cayó en mi ciudad natal, Minneápolis. Vuélese del ultramoderno aeropuerto de Zurich al basurero de La Guardia. Es como volar de los Supersónicos a los Picapiedra. Todavía no puedo tener un servicio de telefonía celular sin interrupciones de mi casa en Bethesda a mi oficina en Washington. Sin embargo, hace poco compré un celular de bolsillo en el aeropuerto de Beijing y de inmediato llamé a mi esposa en Bethesda, una llamada tan clara como el agua.
Acabo de asistir a la conferencia sobre coches limpios en China, donde los fabricantes hicieron alarde de que sus modelos 2008 cumplirán con las normas de emisiones “Euro 4” de la Unión Europea. Solíamos ser el estándar de oro. Ya no lo somos. En julio pasado, Microsoft, harta por las restricciones estadounidenses respecto de la importación de talento intelectual, abrió su centro de desarrollo de software más nuevo en Vancouver. Eso queda en Canadá, amigos. Si el Mundo de Disney puede seguir siendo un lugar abierto y amistoso, con mayor seguridad aunque invisible, ¿por qué no puede serlo Estados Unidos?
¡No nos podemos dar el lujo de seguir siendo así de estúpidos! Tenemos que recuperar nuestro ritmo. Necesitamos un Presidente que nos una en torno a un propósito común, no a un enemigo común. Al Qaeda se trata del 11 de septiembre. Nosotros estamos por el 12 de septiembre, por el 4 de julio, razón por la que espero que quienquiera que contienda con base en el 11 de septiembre sea derrotado en forma rotunda.
© The New York Times News Service |
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| Marco A. Elizalde Jalil |
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