- SEP. 23, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Roberto Bonafont ha sido el único que se ha atrevido a hacer autocrítica en la tele.
Álex de la Torre anuncia que el estadio Monumental solo será suspendido tres fechas.
Galo Roggiero ha dicho en todos los medios que no tiene la más mínima responsabilidad en lo ocurrido.
Impunidad. Los periodistas deportivos de pantalla no han pedido cuentas a los dirigentes frente a la violencia en los estadios.
El pasado martes 19 de septiembre a las 07:25, Roberto Bonafont inició su segmento en el ‘Noticiero Nacional’ de Gamavisión de la siguiente forma: “Yo le dije a usted hace tiempo: ‘Cuando hay un muerto, no solo es culpable el que aplasta el gatillo, sino el entorno de violencia’. Porque el periodismo tiene mucho que ver con esta catástrofe. El periodismo es responsable de meter veneno. No todo el periodismo, una parte. ¿Se acuerda que yo le dije: ‘Cuidado cuando caiga el primer muerto porque se van a hacer los distraídos’? En EL UNIVERSO de esta mañana leemos casi textualmente que todo el mundo se tira la culpa: el jefe de la Policía, el presidente de Asoguayas, el presidente del Barcelona, el presidente de la Federación. Habrá que ver el informe. A los árbitros no solo se los conoce por sus fallos sino por sus informes”.
Hasta la fecha ha sido una de las pocas voces autocríticas que han surgido en el periodismo deportivo. Bonafont habló de un periodismo incendiario que mete veneno antes de los partidos de alto riesgo. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? Porque es absurdo lo que hizo el ministro de Educación, Raúl Vallejo, al pretender que un titular metafórico de EL UNIVERSO haya sido el desencadenante de la violencia. En el deporte, las metáforas son legítimas y siempre se han utilizado. Como bien decía Carlos Vera: Cuando el presidente Correa habla de la Asamblea como “la madre de todas las batallas”, ¿está promoviendo la violencia política?
El verdadero veneno está en el trabajo continuo que se ha venido haciendo en algunos programas de radio y TV para crear odios entre rivales deportivos, hacer creer que el otro es un enemigo que debe recibir su merecido. O que todo esto es cuestión de “machos”, de virilidad como equivalente de dirimir todo por la fuerza, sea con trompadas o con armas, con el fin de someter y humillar al contrario.
Irracionalidad hay en todas partes. Para frenar eso están los dirigentes deportivos, la acción policial y la justicia ordinaria. ¿O no? El periodismo debería actuar a favor de los verdaderos aficionados al fútbol, defendiéndolos, pidiendo cuentas a las autoridades y eventualmente respaldando sus acciones para frenar la violencia en los estadios.
El caso inglés es paradigmático. Luego de los casos de violencia en los estadios, se tomaron acciones decididas, se encarceló a los más violentos, se adoptaron severos controles, se decidieron castigos ejemplares para quien incitara el más mínimo incidente. Y paró la violencia. El fútbol en Inglaterra se juega con los aficionados sentados cerca de la cancha sin ningún tipo de valla o barrera.
Ni ahora con la muerte del niño de 11 años en el Monumental ni en casos anteriores que ya presagiaban tragedias ha existido la suficiente contundencia en la pantalla para pronunciarse porque los dirigentes asuman su responsabilidad y se corte de raíz la violencia. Todo lo contrario, se asumen posiciones a favor de uno u otro equipo, se minimizan las cosas, se aceptan sanciones timoratas y no se realizan los seguimientos noticiosos frente a la evidente maquinaria de impunidad existente.
Minimizar los hechos... Para cualquier persona sensible, el partido del domingo debía haber sido suspendido porque no fue lo único: diversas tomas mostraron cómo se lanzaron bengalas a la cancha y cómo una pasó de milagro cerca de un deportista, mientras en los graderíos otros espectadores también salieron heridos. ¿Cuántos muertos eran necesarios para conmover a los responsables del espectáculo? ¿Cómo se podía pensar que había garantías para jugar? Digamos que primó cualquier otra consideración, pero ¿cómo es posible que Teleamazonas haya seguido transmitiendo el partido?
Más: Roberto Bonafont, en la nota que acompañó a su fogoso comentario autocrítico, dirigió las acusaciones en contra del presidente de la Asoguayas, pero exculpó completamente al presidente de Barcelona. “El organizador del espectáculo ya debería estar preso”, dijo y mostró una imagen de Carlos Manzur. Mientras al otro lado leyó: “‘Roggiero citado a declarar a la Fiscalía...’ ¿Acaso el presidente del Barcelona sabe quién es el criminal?”. Entonces, insertó las declaraciones del titular del club: “No sé ni de dónde vino, ni cómo fue”. Es muy posible que sea real, pero al tomar posiciones tan a priori en contra y/o a favor se levantan sospechas sobre la verdadera imparcialidad del periodista. De cualquier periodista.
Estamos ante el mayor mal de parte del periodismo deportivo audiovisual: la percepción de que no se actúa buscando la verdad, sino actuando a favor de algunos dirigentes o algunos clubes. Y aclaremos. Probablemente culpa directa no exista, pero las responsabilidades por lo que se ha hecho o se ha dejado de hacer para alejar la violencia de los estadios es algo que deben asumir los dirigentes de todos los clubes y también de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF).
Estamos ante lo mismo de siempre: rasgarse las vestiduras y la aceptación sin cuestionamientos frente a la sanción tan débil de la FEF que se basa en el Estatuto Disciplinario de la FIFA. Hay que revisar ese estatuto y observar la ligereza con la que se actuó para enterrar las cosas sin mayor trámite: hay varios artículos (artículo 50, sección 8 art. 65 o el artículo 70) que podían ser aplicados con mayor contundencia, pues el que se esgrimió (infracciones graves, art. 52) para la débil sanción contra Barcelona se refiere únicamente al comportamiento de un jugador en la cancha.
Estamos a las puertas de que vuelva a imponerse la impunidad y eso indigna. Frente a eso, ¿qué hará el periodismo deportivo televisivo? ¿Comprometerse con el aficionado y el deporte limpio o seguir haciendo el juego a la irresponsabilidad?