- SEP. 20, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Un niño muere en el estadio por el disparo de una bengala. Ese hecho trágico, insólito, inadmisible sucede casi en vivo y en directo: Teleamazonas transmitía el juego fuera de Guayaquil. El partido no se suspendió ni la transmisión.
Había algo de falso a partir de ese momento. Alfonso Lasso narraba el partido con la mente en otro lado. Roberto Omar Machado lo comentaba con nulo entusiasmo. Imagino el trance: ¿qué hacer?, ¿continuar y parecer insensible o parar y denunciar con fuerza la situación? Y el canal, ¿no debía parar la transmisión y más bien dedicarse a informar sobre la tragedia?
Esa noche Lasso y Machado afirmaron que el partido debió suspenderse. Era lo sensible, lo responsable. Lo otro es lo mismo que ha estado pasando desde que comenzaron a sucederse hechos violentos con el espectáculo futbolístico: minimizar las cosas, negarlas, no responsabilizarse y no tomar medidas. Por lo menos hubo un paparazzi de RTS con la cámara hacia las tribunas y se puede identificar al presunto asesino.
¿Qué resta? Hablar de que “los familiares del menor no quisieron dar declaraciones”, como si esa discreción no fuera su derecho. Ante eso, los reporteros fueron al colegio donde estudiaba el fallecido. En algunos casos, por lo menos, tuvieron el cuidado de no mostrar los rostros de los menores. No sucedió eso con Ruth del Salto en Ecuavisa: mostró a niños y adolescentes con nombres y apellidos. Habrá que regalarle el Código de la Niñez para que lo lea en su tiempo libre.