En la columna ‘Llorar al revés’, el pasado sábado 8, se publicó un dato que erróneamente justificaba la propiedad del restaurante El Saloncito al actual ministro del Litoral, economista Ricardo Patiño Aroca, cuando sus verdaderos propietarios son María Elena Patiño viuda de Castro y sus hijos.
Artículo de Opinión
En el artículo del doctor Eduardo Castillo que se publicó ayer se transcribieron con errores algunos párrafos. A continuación reproducimos las partes corregidas:
“Comencemos por el hecho más reciente e incontrovertible de que el 18 de marzo último, un 82% de los votantes se precipitó de modo categórico y entusiasta a favor de una Asamblea Constituyente, en pos de un anhelado, genérico e indefinido ‘cambio’. Pero que conjunta y desaprensivamente también votó, en muchísimos casos sin percatarse siquiera de lo que estaba haciendo, sin haberlo leído y mucho menos entendido, por un espurio y fraudulento ‘Estatuto de elección, instalación y funcionamiento de la Asamblea Constituyente’, dictado arbitraria y calculadoramente por el mismo mandamás del Ecuador.
Estatuto que es la causa más inmediata de ‘la madre de todas las confusiones’, hasta donde por ahora hemos llegado, antesala de ‘la madre de todas las batallas’, hacia la que se nos empuja y azuza, tras la cual quién sabe hasta dónde podríamos llegar.
“Pero hay otra ‘madre’, causa anterior inmediata de las dos antes citadas, a la que llamo ‘la madre de todos los engaños’ en el título de este artículo. Porque esta es la que ha parido y alimentado las confusiones y las batallas que son, en definitiva, calculados engaños de idénticos autores, cómplices y encubridores. Algo que puede entreverse por la rendija de una expresión cínicamente reveladora, entresacada de una respuesta de la entrevista al Presidente del Tribunal Supremo Electoral que publica anteayer El Comercio, de Quito: ‘(...) este Tribunal no se va a prestar para un golpe técnico, jurídico y peor de hecho. Imagínese la tragedia que sería para este país que eso sucediera (...)’.
“Es muy cierta esa expresión, con sus verbos en tiempo futuro, como al decir ‘no se va a prestar para un golpe’. ¡Ni falta que hace, porque al golpe ya se prestó hace meses!