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| Llega El Galpón |
Grupo uruguayo actúa hoy |
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| Parte del colectivo uruguayo El Galpón que presenta, en el teatro Fedenador, la obra teatral Nuestra vida en familia. | | |
| Septiembre 13, 2007
MANTA, Manabí
El colectivo participa en el Festival de Artes Escénicas de Guayaquil.
El Galpón, de Uruguay, es uno de los grupos teatrales más antiguos y reconocidos de Latinoamérica. Tiene 58 años de fundado y fue invitado al Festival Internacional de Teatro de Manta, que este año está dedicado a exaltar la permanencia de las agrupaciones. Esta noche a las 20:00, en el teatro Fedenador (km 4½ vía a Daule), este colectivo abre el Festival Internacional de Artes Escénicas de Guayaquil. También actuará en Portoviejo, Quito y Cuenca.
Asentado en Montevideo y ahora con 45 integrantes, cinco directores, tres salas de teatro y 21.000 socios que aportan para su permanencia, el grupo llega al Ecuador con doce de sus miembros para presentar una obra que estrenó hace nueve meses, llamada Nuestra vida en familia, del brasileño Oduvaldo Vianna Filho.
La pieza se muestra por primera vez fuera de Uruguay. Trata de la escisión de una familia que se ve obligada a dejar la casa. “Comienza como comedia, pero es un drama social”, explica Arturo Fleitas, uno de los actores y directores de la agrupación, quien lleva 41 años en esta, y que refiere que de Ecuador solo llegan a Montevideo las noticias políticas. “Culturalmente no existe”, señala.
Fleitas es paraguayo y en la década del sesenta arribó exiliado a Uruguay. “Me llevaron una vez a ver una obra de El Galpón y me enamoré del grupo”, resume. Añade que en Uruguay el teatro de agrupaciones es muy fuerte, y las compañías muy longevas, pese a que la tendencia en Latinoamérica es que los actores no duren como colectivo, sino que se junten solo para determinados proyectos.
El Galpón se hizo poco a poco. En 1949, unos jóvenes se formaron como grupo. Pese a su juventud comprendieron que para hacer teatro independiente requerían tener sus propios instrumentos. Por ello determinaron como primer objetivo conseguir una sala, en cuyo empeño invirtieron dos años.
Pedían en los barrios botellas vacías y periódicos, que luego vendían y el dinero servía para adecuar la sala, que en realidad era un galpón. Un espacio que estuvo vacío, porque no había la costumbre de ir al teatro, pero ellos empezaron a convocar a las personas. A regalar boletos. De ese modo el lugar se fue llenando de respaldo. De aplausos. La gente iba donde los muchachos del galpón. Y pronto estos jóvenes decidieron adoptar El Galpón como nombre.
En los setenta y ochenta sufrió los embates del autoritarismo de la dictadura. Algunos de sus integrantes tuvieron que salir del país. Otros fueron detenidos y unos cuantos se quedaron resistiendo. Pero no murió. Sobrevivió. Su arte era contestatario, militante. “Ahora exhibe un teatro ecléctico, que no olvida el contenido social”, dice Fleitas. Propone comedias, dramas, teatro clásico y contemporáneo. En El Galpón todas las decisiones, aun las de salir de gira, se toman en asamblea.
Hoy en el mismo lugar y hora se presenta la revista Conjunto.
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