Benedicto XVI aprovechó su visaje a Austria para dejar claro el tema del celibato.
El papa Benedicto XVI recordó el carácter obligatorio de la castidad para los sacerdotes y religiosos católicos, en su viaje a Austria, donde algunas corrientes eclesiásticas ponen en entredicho el celibato del clero.
El Pontífice hizo su llamado a la castidad en un país donde la reputación de la Iglesia se ha visto mancillada por escándalos sexuales en seminarios.
A los sacerdotes, congregados en el santuario mariano de Mariazell para el rezo de las vísperas, el sábado pasado, Benedicto XVI les puso como ejemplo a Cristo, quien consagró su vida a hombres y mujeres, “plenamente y con una pureza absoluta, sin rastro alguno de interés personal ni de egoísmo”.
Con el celibato, “ofrecéis un testimonio importante”, declaró. “Entre tanta avaricia, egoísmo, consumismo y culto al individualismo nos esforzamos por mostrar el amor desinteresado por hombres y mujeres”.
El cardenal Hans Hermann Groer, ex arzobispo de Viena, fallecido en el 2003, dimitió en 1995 tras ser acusado de abusos sexuales por antiguos seminaristas.
Otro prelado, el ex obispo ultraconservador de Sankt-Polten, monseñor Kurt Krenn, también tuvo que renunciar en el 2004 por decisión del Vaticano tras haber ocultado prácticas sexuales que mezclaban homosexualidad y zoofilia en el seminario de su Diócesis.
En una carta a Benedicto XVI, el movimiento progresista Wir sind Kirche (Nosotros somos la Iglesia), con gran representación entre los fieles, exigió mayor apertura a los laicos y el fin de la obligación del celibato sacerdotal.
También recordó al clero los otros dos votos que pronuncian cuando entran en las órdenes religiosas, los de pobreza y obediencia e invitó a sus miembros a hacer “un profundo examen de conciencia” sobre cómo los cumplen.
Benedicto XVI cerró la puerta a una posible evolución de la doctrina de la Iglesia sobre el celibato de sus sacerdotes en un texto publicado el 13 de marzo pasado.
Visita
Benedicto XVI concluyó el domingo pasado una visita de tres días en Austria, en la que envió claros mensajes de reconciliación con los judíos y contra el aborto y la eutanasia. La visita que el Vaticano ya preveía difícil, por la paulatina secularización de una comunidad que ha sido testigo de escándalos, no atrajo grandes números de fieles por las inclemencias del tiempo y el escepticismo de los progresistas.