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Edición del DOMINGO 9 de Septiembre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Cuerpo y Alma 
Sergio Fajardo
Medellín, la más educada
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Atrás, el parque de tecnología Explora, que será abierto en octubre. Incluirá un acuario.
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De la Universidad a la Alcaldía

Texto: Moisés Pinchevsky | fotos: Víctor Álvarez

El alcalde de los paisas es un matemático que cree en la educación como vía al desarrollo. Su ciudad es otro ejemplo valioso de regeneración urbana en América Latina.


“El tipo es un berraco. Es muy inteligente. Aquí ya no creíamos en nadie. Había mucha corrupción. Pero él llegó, le apostó a la educación y todos ganamos. ¿Tiene calor?
Le prendo el aire para que se refresque. Aunque sea un poquito. Bueno, el tipo ha construido unas bibliotecas grandísimas. Y escuelas. Están en los barrios más pobres. Allá donde ni siquiera iba la policía. Y también hay más seguridad. Esta ciudad es una belleza. Vea, antes por esta carretera había ladrones. ¡Muchos! Venían en moto y a uno lo apuntaban con una pistola para que se detuviera. Allí nos quitaban la plata y las maletas a los turistas que venían en el taxi. Una vez casi me pasa, pero justo decidí no trabajar esa tarde porque había cobrado 2 millones de pesos. ‘Yo con esta plata no me arriesgo’, me dije. Y me fui a la casa derechito. Al compañero que me reemplazó lo asaltaron feísimo. Pero eso era antes. Ahora esta ciudad es una belleza”.

Una leve llovizna y la conversación del taxista Ovidio Sánchez, de 55 años, nos acompañan en los casi 50 minutos que separan el aeropuerto internacional de Medellín de nuestro hotel en el centro de la ciudad. Esas palabras fueron el primer acercamiento local a la figura del alcalde Sergio Fajardo (51 años), un profesor universitario de matemáticas que decidió dejar de quejarse por los malos gobiernos y comenzar a hacer política.

Al principio fue duro. Su grupo independiente, mayormente hombres y mujeres del ambiente cultural y educativo, participó en un par de elecciones y perdió. Muchos le dijeron al matemático que desistiera porque seguiría fracasando y que debía quedarse en sus números. Pero en el 2002 se lanzó para alcalde por segunda ocasión.

Se caminó toda la ciudad. Repartía folletos y decía: “Esta es mi propuesta, si le gusta vote por mí”. Y lo decía con convicción y mirando a los ojos. Luego seguía caminando.
Y también se detenía, porque algunos ciudadanos le decían sus necesidades: que la violencia está peor, que hace falta agua, que las calles están pésimas, que hay mucho tráfico, que el hijo de alguien no puede estudiar.
Y Fajardo escuchaba. Y respondía que tenía un plan para solucionar esos problemas. Que tengan esperanza. Que es su derecho tener una ciudad mejor. Y muchos le creyeron, porque ganó con el 42,7% de la preferencia electoral.

Fue la primera vez que un independiente era elegido alcalde de la segunda ciudad más importante de Colombia.

Nosotros también le creímos cuando a través del departamento de Comunicación de la Alcaldía se comprometió a llegar a las 11:00 al embellecido Jardín Botánico de Medellín (él lo renovó). Allí tenía planeado recorrer una feria gastronómica que se inauguraba ese sábado 25 de agosto, pero antes verificó los avances de la obra que lo tiene más orgulloso: el parque Explora, un megacomplejo frente al Jardín Botánico que pretende ofrecer un contacto íntimo con lo más avanzado de la ciencia y la tecnología. “Cuando muera, solo quisiera que pongan una placa (en ese edificio) que diga: Parque Explora, obra de Sergio Fajardo. No pediría nada más”, nos confesó después.

Comienza la entrevista
Sergio Fajardo se acerca en solitario y sin guardaespaldas, con su camisa arremangada, jeans sin correa y zapatos de cuero café algo empolvados por el recorrido entre el cemento y la arena del naciente parque Explora. Sus ojos disparan un destello de ferocidad benigna, una especie de fortaleza carismática que comparte con una actitud humilde, amable e informal que comienza a evidenciarse con un “Bienvenidos a Medellín” y un entusiasta apretón de manos.

¿Por qué un matemático decidió convertirse en alcalde? (Sonríe y luego contesta con seriedad) “Me metí en la política por la educación. Solo con la educación podemos construir justicia social. El conocimiento no debe discriminar por clases sociales ni económicas. Los niños y jóvenes de estratos populares también deben tener derecho a una educación de calidad. ¡Así debe ser! Esa es la única vía para asegurar una sociedad que tenga seguridad, trabajo, comida, cultura, bienestar. El lema de nuestra gestión es «Medellín, la más educada»”, indica arrimado a un barandal de metal, muy relajado y en plena vía pública.

Seguridad y educación
Fajardo explica que su gestión, iniciada el 1 de enero del 2003, debió centrarse en dos ejes. “Primero debía brindar seguridad a los habitantes, porque desde los años ochenta Medellín había tenido un grave problema de violencia por el narcotráfico y grupos delincuenciales”, por eso los paisas se veían ahogados por la posibilidad, cada día eminente, de ser uno de los 381 asesinados que había en Medellín por cada 100.000 habitantes, según estadísticas de 1991.

Fajardo ingresó a su gestión con 98 crímenes por cada 100.000 habitantes y la está cerrando con 26 homicidios en igual segmento de la población. Para ello “trabajé mucho con la policía. Lo primero era que ingresen a los sectores peligrosos pero mostrando respeto por los derechos humanos. Lo más importante era servir a la comunidad con talleres y atención. Por ejemplo, acabamos de designar un departamento en la policía capacitado específicamente para atender los casos relacionados con gays y lesbianas”, señala este hombre que suele levantarse a las 04:00 para hacer bicicleta estática y “pensar; me gusta el silencio de la madrugada para reflexionar y tomar decisiones. Mi mujer está dormida y me relajo analizando todo lo que debo hacer en el día”.

40% para la educación
Sus sesiones de solitaria reflexión se enmarcan en un norte muy preciso: fomentar la educación. Por ello su gestión municipal le dedica a ese sector el 40% de su presupuesto anual de $ 900 millones.

Su caballo de batalla en este propósito son cinco modernos parques biblioteca que brindan 44 mil m2 de espacio público y 100 mil libros en las áreas más pobres de esta urbe de 2’200.000 habitantes y capital del norteño departamento de Antioquia.

“Las bibliotecas cumplen varios propósitos. Primero, rescatar el espacio público, porque estas obras brindan mucho lugar para reunirse el aire libre y compartir entre amigos y familia. También está el propósito educativo, porque los jóvenes de los estratos populares ya no deben ir al centro para consultar libros. Ahora los tienen en la esquina de su casa”, indica Fajardo sobre estas infraestructuras que, tras una inversión total de 75 mil millones de pesos colombianos (como $ 45 millones), también ofrecen actividades para los niños y jóvenes.

Una visita posterior al parque biblioteca España, emplazado en lo alto de una ladera del barrio Santo Domingo Savio, hogar de 170.000 habitantes, confirma lo dicho por Fajardo. El servicio que más se utiliza es la atención a los niños pequeños con juegos, talleres educativos y de lectura, indica Adriana Bustamante, coordinadora de esta obra que desde su apertura –el 24 de marzo– recibe entre 1.000 y 1.200 usuarios al día, cifra que supera los 2.000 los domingos y días feriados.

Wendy, una pequeña de 10 años, es asidua asistente a esos talleres, según indica su padre, Miguel Taborde (30 años), quien vive a unos 60 metros del parque biblioteca España. “Mi hija pasa metida para jugar con sus amigos o hacer deberes. Yo nunca imaginé que algo así (señala el edificio) podía caer en nuestro barrio”.

Santo Domingo Savio, el barrio más pobre (y antes más peligroso) de Medellín, también es atendido por el Metrocable, una especie de teleférico que llega hasta la cumbre de la empinada ladera que acoge las viviendas. Fajardo concluyó esta obra iniciada por el anterior alcalde, porque “las mejores obras deben estar en los sectores más pobres”.

Con esa mentalidad ha construido 10 colegios y 21 han sido readecuados a gran escala, tanto así que 8 se consideran infraestructuras completamente nuevas. “Antes la educación pública era considerada de muy baja calidad. Ahora planteamos que el gobierno local debe proveer la mejor instrucción. Antes los padres desconfiaban de los colegios públicos, ahora los buscan para sus hijos”, indica este funcionario que según la ley local no puede ser reelegido.

Masiva aceptación
Así habla un hombre que se muestra satisfecho con la obra realizada y que motiva la aceptación actual del 95% de la población de Medellín, según una encuesta de la empresa Invamer Gallup. Tal favoritismo ha ignorado a los sectores más conservadores que critican que Fajardo viva en unión libre con su pareja, Lucrecia Ramírez, una psiquiatra feminista que lamenta, por ejemplo, que los concursos de belleza premien estrictamente el aspecto físico, sin tomar en cuenta la cultura y estudios de la participante.

El apoyo a Fajardo tampoco sucumbió por una obra que ha recibido comentarios muy negativos. Son unas pirámides de colores pasteles levantadas en el parterres de la avenida Oriental de la ciudad a un costo de $ 500 mil. “Fajardo es nuestro faraón”, critica Jaime Carvajal, miembro de Colectivo Ambiental, comparándolo con los antiguos monarcas egipcios dedicados ciegamente a la construcción. “Él (Fajardo) está llenando a Medellín de cemento”, dice Carvajal en un reportaje que el New York Times le dedicó en su edición del 15 de julio para presentar la obra de este hombre que puede ser el sucesor de Álvaro Uribe, según indica el diario estadounidense.

¿Qué le parece que ahora su nombre suene como candidato para las próximas elecciones para presidente? “Me da orgullo. Es una gran satisfacción. Eso significa que las personas aprecian el trabajo que hemos realizado”.

¿Y se postulará para presidente? “Aún no quisiera hablar de eso. Ahora soy alcalde y quiero dedicarme a eso. Pero puedo decirle que estoy sorprendido por lo que ocurre. Yo solo soy un matemático que enunció el problema de Medellín y presentó una fórmula para resolverlo. En serio.
Hace pocos años yo nunca pensé que podía llegar a ser alcalde. Y mucho menos presidente”.


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