El mensaje de la Palabra de Dios
El seguimiento de Jesús pide muchas veces la renuncia y el despojamiento. Ser discípulo conlleva una dedicación total: ni las relaciones familiares, ni las posesiones pueden ser un obstáculo en el compromiso radical de seguir la llamada de Jesús.
Seguir a Cristo, es una tarea dura y costosa, y el que se decida a ser cristiano, debe calcular bien sus fuerzas, y tener bien claro lo que asume y lo que arriesga.
#2
¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Comprometernos en la causa de Cristo.
El seguimiento de Jesús exige desprenderse de los vínculos puramente humanos de la familia y renunciar a la esclavitud del dinero.
La fidelidad a Cristo, exige posponer todo bien, o persona, si esta se interpone entre las exigencias de Cristo y nosotros. Por eso debemos sopesar prudentemente las dificultades y nuestras posibilidades de responder a las exigencias del Evangelio.
Cuando la familia deja de tener el primer lugar no significa suprimir el cuarto mandamiento, sino ponerla en segundo plano cuando aparece en nuestra vida un valor, Jesús, que es superior.
Renunciar a los bienes, no supone prescindir del mundo, sino situarlo todo en función del Reino, dispuestos a compartir nuestros bienes con los demás.
Cargar con su cruz, no supone un peso adicional a las dificultades de la vida: es un estilo de vivir lo cotidiano, a la luz de las exigencias del Reino, y siguiendo las huellas de Jesús.
El problema de nuestra vida cristiana es la falta de decisiones radicales para poner a Cristo por encima de cualquier otro valor.
#3
¿Cuál es mi respuesta, hoy?
* Si somos cristianos sin haberlo decidido nosotros, tenemos hoy, la gran oportunidad de decir sí a Cristo para seguirle.
* Revisar nuestra escala de valores a la luz del Evangelio de hoy para poner cada cosa en su puesto, y a Cristo en su lugar.
* Leer el Evangelio para conocer a Jesús.
EVANGELIO
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas
Asamblea: Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, le dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: “Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar”.
¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo.
Palabra del Señor.
Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.