martes 04 de septiembre del 2007 Columnistas

Chile y los ‘igualócratas compulsivos’

El economista mexicano Manuel Suárez-Mier decía que le sorprendió que uno de sus alumnos en la American University de Washington, DC afirmara que “era preferible que todos los pobladores de un país fueran igualitariamente pobres a que hubiera diferencias de riqueza”. En cambio, hay otros como el analista español Pedro Schwartz quien dice: “A mí no me importa la desigualdad, no soy envidioso. Me importa la pobreza”. Hoy quiero hablar de los primeros, a quienes Suárez-Mier llama “igualócratas compulsivos”.

Los igualócratas compulsivos suelen tener un problema con Chile. Dicen que sus políticas “neoliberales” han resultado en una desigualdad social inaceptable. Pero si usted fuese uno de los 676 mil chilenos que lograron salir de la pobreza entre 2003-2006 solamente, ¿le importaría que al mismo tiempo se haya aumentado la desigualdad de ingresos? Probablemente le molestaría, pero no creo que estaría dispuesto a sacrificar la mejora en su calidad de vida por regresar a aquel tiempo en que todos eran más pobres pero más iguales.

Y esto, sospechando que las reformas liberales de Chile de hecho causaron un aumento en la desigualdad. Según lo explicado por Carlos Sabino, la distribución del PIB desde 1965 en adelante permanece casi igual, “pues en esta fecha el 20% más pobre obtenía el 4% de los ingresos y el 20% más rico obtenía el 55,6%, en tanto que 30 años después los valores eran de 4,6% y 55,6%, sin que en el período intermedio se presente ninguna variación de consideración”. Es decir, Chile pasó por Allende, Pinochet, los tres primeros gobiernos de la Concertación y una crisis económica, sin variaciones considerables en el grado de desigualdad.

¿Qué hizo Chile? Redujo unilateralmente los aranceles de un promedio del ciento por ciento al 15% para todas las importaciones (eventualmente el arancel único se bajó aún más hasta llegar al 6%, y tomando en consideración los TLC existentes, el efectivo alcanza apenas el 2%). Chile ha firmado tratados de libre comercio que cubren el 65% de la población mundial y alrededor del 80% del comercio chileno.

Chile ha mantenido una estricta disciplina fiscal, la autonomía del banco central, fomentado la participación del sector privado en la provisión de servicios públicos (en la última década, proyectos de más de 7.000 millones de dólares han sido dados en concesión al sector privado), privatizado la seguridad social y fortalecido la seguridad jurídica.

Hoy Chile es el país más desarrollado de Latinoamérica si se observa un conjunto de indicadores. En la región es: el país menos corrupto (20 de 163 según Transparencia Internacional); la economía más libre, según el Índice de Libertad Económica de los institutos Cato y Fraser; el segundo país con mejor calidad de vida según las Naciones Unidas; el país con mejor ambiente de negocios según el Banco Mundial; el mejor posicionado en cinco de los seis indicadores de gobernabilidad del Banco Mundial (en uno de ellos es el segundo); el país con más libertades civiles y políticas según Freedom House; y el tercer país con la prensa más libre según Reporteros Sin Fronteras.

Según los datos de la Cepal, no hay un país en Latinoamérica que haya reducido la pobreza tan aceleradamente como Chile. En 1990, el 38,6% de los chilenos eran pobres, hoy solo 13,7% lo son. Puede que los igualócratas compulsivos se aflijan por la persistente desigualdad, pero yo estoy feliz de que Chile esté próximo a escapar de la pobreza.
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