Domingo 02 de septiembre del 2007 La Caja

Justicia indígena

Todo lo que la tele no puede explicar

http://src.eluniverso.com/2007/09/02/0001/1237/files/justicia101-09-072500.jpg

Los linchamientos y la aplicación de la “justicia indígena” son presentados como lo mismo y se trata de cuestiones distintas. En Quito se intentó quemar a un asaltante.

Casos.  La TV  no ha contado cómo funciona la justicia indígena y la diferencia que existe en relación con el  linchamiento.

Tres linchamientos en una semana. Tres casos de lo que en TV llaman “justicia por mano propia”. O como diagnosticó Adrián Acosta, reportero de  Gamavisión,  mientras transmitía uno de estos casos ocurrido en un barrio de Quito: “Un reflejo de la desconfianza en el sistema judicial”.

Ciertamente debe ser así. Pero ¿solo es eso? Si uno se fija en la segunda foto que acompaña a este artículo, se puede ver que tras la mujer que está siendo castigada y grita de dolor hay gente que sonríe y disfruta... ¿La venganza puede ser considerada justicia?

En el caso que reportó Acosta, de ‘El Noticiero Nacional’, hay el testimonio de una señora de mediana edad, quien en tono absolutamente calmo declara: “Tenemos que quemarle o hacer justicia indígena. Es lo único que queramos hacer hoy día porque es lo único que está dando resultado”. A quien debían quemar como prender una chimenea era a un mozalbete que supuestamente intentó asaltar a un taxista.

Aterrador: si bien la justicia civil falla de forma escandalosa en proteger a los ciudadanos (“ellos protegen a los delincuentes” es la consideración de un dirigente barrial), en las escenas y declaraciones de la población se puede percibir poca valoración de la vida aunque sea la de personas acusadas de ser delincuentes. ¿Qué hace ante esto la televisión?, registrar minuciosamente el suceso y con ello convertirse en parte de estas escenas de “justicia por mano propia”.

De hecho, funciona de esa manera. Se toma prisionero a algún acusado de delinquir, se llama a las cámaras, colectivamente se decide un castigo y finalmente se desnuda a los castigados para aplicar el baño de agua helada, la ortiga y los latigazos. Nótese que en el ritual ha penetrado la modernidad, no en forma de racionalidad, sino en forma de cámaras de TV. ¿Por qué? El asunto es que la tele funciona como el mecanismo indispensable para que la advertencia y el escarmiento surtan efecto y eso lo saben castigadores y testigos mediáticos.
“Ladrón cogido, ladrón quemado”, dice un dirigente y en la edición destaca el reportero que añade: “La consigna era hacer justicia por mano propia”.

A continuación, la presentadora de noticias anuncia: “Esta semana se han sucedido tres casos donde la comunidad ha aplicado justicia por mano propia. Conozcamos más de esta forma de castigar a los presuntos delincuentes”. A continuación se pasan las imágenes del castigo a tres acusados de robar electrodomésticos, entre ellos dos mujeres. Y en el punto central del reportaje se muestra la efectividad del castigo, cuando se obliga a los acusados a pedir perdón: “Tengan la bondad de perdonarme. Porque esto me va a servir para toda la vida, señores”.

Una vez más estamos ante un tratamiento televisivo totalmente coyuntural, sensacionalista, sin ningún afán de mostrar un relato coherente de los hechos.  Estamos ante un funcionalismo de lado y lado: la tele obtiene imágenes de alto impacto, los castigadores obtienen la difusión de su vindicta y de la advertencia pública. ¿Cabe hacer algo distinto? Por supuesto, hacer periodismo: contar las historias, buscar porqués y sobre todo los cómos.

En primer lugar, habrá que diferenciar las cosas: ¿todo intento de linchamiento es un ejercicio de la justicia ancestral admitida en la Constitución? Por más que se invoque ese derecho, cabe especificar que  la “justicia indígena” solo puede ser aplicada por comunidades indígenas y bajo un proceso que puede durar días. ¿Qué proceso? No lo tenemos claro, la televisión solo ha mostrado unos retazos, las imágenes inconexas de los castigos y poco más. Entonces, ¿cómo funciona la justicia indígena? No lo sabemos. Por eso es que cualquier manifestación de ira popular se trata de pasar como un ejercicio de “justicia indígena” y definitivamente no lo es. Un linchamiento o un intento de linchamiento no son más que eso. No un ejercicio de ningún tipo de justicia.

Ahora bien, para que algo se llame “justicia” debe garantizar los derechos de los acusados y la posibilidad de defensa. ¿Existe eso en la justicia indígena? No lo sabemos. Si solo nos sujetamos a lo que muestran los canales, diremos que no existe tal posibilidad de defensa ni hay derechos para los acusados.

Mientras tanto, los casos de linchamiento y castigo físico aumentan y la televisión solo aspira a ser el letrero para colgar las advertencias y no cumplir el papel de informar al público y menos buscar la verdad de los hechos.

Más imágenes sensacionalistas
Las imágenes de furia popular se multiplican en todas partes del mundo y casi siempre hay una cámara oportuna dispuesta a captarlas. En  Ecuavisa,  en un mismo día se pasó un reportaje de Freddy Barros sobre la aplicación de castigos corporales a un acusado de cuatrerismo en una comunidad indígena del Chimborazo; las violentas protestas contra un alcalde en Guatemala que terminaron con el asesinato de un niño de 9 años (por la represión policial) y el incendio de la casa del funcionario público. Y, finalmente, el intento de linchamiento a un ladronzuelo en la India.

La televisión, en cada caso, solo muestra, no explica. Con ello nos da la ilusión de que somos testigos y por lo tanto nos informamos de los hechos. Pero el informar va más allá que el simple mostrar e incorpora la interpretación y el análisis.

La Caja

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.