Cuando Rudolf Nureyev, joven sensación del Ballet Kirov, escapó a las garras de la KGB para encontrar asilo en París, sólo tenía 23 años. Eso fue en 1961 y sus años de gloria aún estaban por venir.
No obstante, el preludio detrás de la cortina de hierro resulta ser un cautivador tema para un nuevo documental. “Nureyev: The Russian Years”, cinta de 90 minutos escrita y producida por el realizador británico John Bridcut, incluye videos jamás vistos del joven Nureyev en vuelo total, así como entrevistas inéditas con asociados cuyas vidas tocó o, de manera inadvertida, destruyó.
El material es de una riqueza novelística. Esta producción de la BBC, en asociación con WNET, de Nueva York, tuvo su estreno en Estados Unidos, en el canal de televisión Public Broadcasting Service, el 29 de agosto. La transmisión en la BBC, con seis minutos adicionales, le seguirá el 29 de septiembre. Resulta de particular interés el enigmático Teja Kremke, estudiante de ballet de Alemania Oriental, quien conoció al joven Nureyev en Leningrado (como se le conocía entonces a San Petersburgo), quedó prendado y lo instó a buscar suerte en Occidente.
El mérito de descubrir el lazo con Kremke le corresponde a la autora inglesa Julie Kavanagh, quien inició las investigaciones para escribir una nueva biografía de Nureyev, en 1997. Su libro: “Nureyev: The Life” saldrá a la venta el 2 de octubre, y ella figura entre los asesores en la cinta de Bridcut. Glamour, sexo violento, intriga, escándalo: Nureyev lo tuvo todo y gran parte de lo que no era de índole pública era del conocimiento común. Aun así, se llevó muchos secretos a la tumba, cuando falleció a causa de complicaciones del sida, en 1993. Kavanagh ha desenterrado muchos de ellos, en particular su vida amorosa, temeraria y extravagantemente indiscreta.
Pero la alcoba no fue para nada el único tema de investigación de la autora. Con tenaz persistencia, finalmente obtuvo acceso al archivo de Nureyev en la KGB, a los documentos del tribunal de su juicio (en ausencia) por traición y a una reserva secreta de humillantes cartas de amor del noble bailarín danés Erik Bruhn, ídolo de Nureyev.
La sorpresa, en el caso de las cartas, fue que Nureyev no las hubiera quemado. Respecto a Kremke, la sorpresa fue que, simple y sencillamente, existiera tal persona. “Básicamente, descubrí la historia de un thriller ambientado en la guerra fría”, dijo hace poco Kavanagh, en Londres. “Nadie había oído hablar antes de Teja. No aparece en ningún recuento de la vida de Rudolf. Su muerte fue muy turbia, pues bebía y estaba muy deprimido. Toda su familia fue castigada por su breve y peligroso amorío”. Viajes negados, oportunidades y sitios similares. Para los fans, VIP. de estudio negadas, empleo miserable: la tortura burocrática acostumbrada. Kremke, especialmente, lo resintió mucho. Se ahogó en circunstancias misteriosas en 1979, cuando tenía alrededor de 35 años.
Afortunadamente para la posteridad, Kremke también era cineasta amateur y filmó compulsivamente a Nureyev, desde las bambalinas del teatro, en los años que pasó el bailarín con el Kirov. Bridcut, Kavanagh y la BBC acordaron que el tema del documental debería ser el Nureyev ruso. “Esta parte del relato contuvo el material nuevo más interesante”, afirmó Bridcut, en un correo electrónico desde Inglaterra, “y era territorio prácticamente La filmación más antigua que se conoce de Nureyev bailando data de un certamen estudiantil, celebrado en Moscú, en 1958.
Tiene entonces 20 años, viste sólo pantalones estilo árabe, una banda dorada en la cabeza y zapatillas suaves de baile reglamentarias, y ejecuta un solo de “Le Corsaire”. Técnicamente, señala el narrador de la cinta de Bridcut, el desempeño de Nureyev en el certamen “distó mucho de ser perfecto”, pero la huella de su personalidad ya era Hasta la fecha, Bridcut ha sido más conocido por sus biografías de los compositores británicos Elgar y Britten.
Indicó que trabajar en “Nureyev: The Russian Years” no fue tan distinto. “Aborda el mismo tipo de emoción y problemas del arte —el grado de intensidad con el que los verdaderos artistas tienen que enfocarse en su trabajo a costa de quienes los rodean”, expresó. “Este ensimismamiento —o incluso obsesión consigo mismo— puede resultar difícil para sus allegados.
Benjamin Britten es un ejemplo clásico, y aquellos que quedaron atrapados por su llama, aun y cuando salieron quemados, aún conservan un enorme amor por él, lo cual es bastante admirable. Lo mismo aplica para Nureyev”.