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La radiación puede acelerar la evolución de cultivos |
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| Pierre Lagoda es director de mejoramiento de cultivos en el OIEA, de la ONU. | | |
| Septiembre 02, 2007
VIENA | WILLIAM J. BROAD
Pierre Lagoda sacó un pequeño recipiente de su bolsillo y volcó el contenido sobre su escritorio. Cuatro diminutos dados rodaron hasta detenerse. “Eso es lo que hace la naturaleza”, dijo Lagoda.
Los resultados aleatorios de los dados, explicó, ilustran cómo las mutaciones espontáneas crean la diversidad genética que impulsa a la evolución y a la reproducción selectiva. Volvió a tirar los dados. En esta ocasión, imitaba lo que él y sus colegas llevan haciendo discretamente durante más de medio siglo: usar radiación para mezclar el material genético en cultivos, proceso que ha producido mutantes valiosos, como la toronja roja, el cacao resistente a enfermedades y cebada de primera calidad para el whiskey escocés. “Yo hago lo mismo”, dijo, mientras seguía jugando con los dados. “No hago nada distinto a lo que hace la naturaleza. No uso nada que no estuviera en el material genético mismo”. Lagoda, director de genética y mejoramiento de plantas en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), se enorgullece de ser un buen vendedor. Puede ser una labor difícil, en vista de los temores generalizados del público sobre los peligros de la radiación y los riesgos de los alimentos genéticamente manipulados.
El proceso no deja radiación residual ni otras marcas obvias de intervención humana. Simplemente crea descendencia que exhibe características nuevas. Aunque poco conocido, el mejoramiento de cultivos con radiación ha producido miles de mutantes útiles y una fracción considerable de los cultivos del mundo, dijo Lagoda, entre los que se encuentran variedades de arroz, trigo, cebada, peras, algodón, hierbabuena, girasoles, maní, pomelo, ajonjolí, plátanos, yuca y sorgo. Las mutaciones pueden mejorar el rendimiento, calidad, sabor, tamaño y la resistencia a enfermedades, y pueden a ayudar a las plantas a adaptarse a climas y condiciones diversos. Lagoda tiene cuidado de distinguir entre el poco conocido trabajo de la radiación y la conflictiva área de los cultivos genéticamente modificados.
Esa práctica puede introducir material genético externo a las plantas, para crear variedades exóticas extensamente cultivadas en Estados Unidos, pero temidas y rechazadas con frecuencia en Europa. En contraste, el mejoramiento de cultivos con radiación tiene pocos enemigos. “Las mutaciones espontáneas son el motor de la evolución”, dijo Lagoda, en su oficina. “Imitamos a la naturaleza en esto. Concentramos el tiempo y el espacio para el cultivador para que pueda realizar la labor en su vida. Concentramos la frecuencia con la que aparecen los mutantes —entre diez mil y un millón— para seleccionar el adecuado”. El cultivo con radiación es ampliamente utilizado en el mundo en desarrollo, gracias en gran parte a los esfuerzos de la OIEA.
Entre los beneficiarios se cuentan Bangladesh, Brasil, China, Costa Rica, Egipto, Ghana, India, Indonesia, Japón, Kenia, Nigeria, Paquistán, Perú, Sri Lanka, Sudán, Tailandia y Vietnam. Políticamente, el método es uno de muchos incentivos que el OIEA, órgano de la ONU en Viena, les ofrece a sus estados clientes. Su propia agenda es inspeccionar instalaciones atómicas presuntamente pacíficas, en un esfuerzo por detectar y frustrar trabajo secreto en armas nucleares. Los científicos de plantas dicen que el cultivo con radiación podría jugar un papel importante en el futuro. El método fue descubierto hace unos 80 años, cuando Lewis J. Stadler, de la Universidad de Missouri, usó rayos X para irradiar semillas de cebada. Las plantas resultantes fueron de color blanco, amarillo, amarillo pálido y algunas tenían rayas blancas, nada con valor práctico. Pero el potencial era claro. Al exponer grandes cantidades de semillas y plantas jóvenes, los científicos pronto produjeron muchas más mutaciones y encontraron algunas benéficas.
Aunque las innovaciones iniciaron en Estados Unidos, el método se usa ahora principalmente en el resto del mundo, en el que destacan Asia y Europa. Hoy en día, el proceso generalmente inicia con cobalto-60, material sumamente radioactivo utilizado en la radiografía industrial y la radioterapia médica. Sus rayos gamma, más activos que los rayos X, pueden viajar muchos metros a través del aire y penetrar el plomo.
Los científicos operan máquinas pequeñas que irradian recipientes llenos de semillas, invernaderos con plantas jóvenes al descubierto y campos especiales, que irradian hilera tras hilera de plantas maduras. El organismo atómico, en Viena, ha promovido el método desde 1964, en programas conjuntos con la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación, en Roma. A partir de hace aproximadamente una década, por ejemplo, el OIEA ayudó a los científicos a combatir un virus que acababa con los árboles de cacao en Ghana, país que produce aproximadamente el 15 por ciento del chocolate del mundo.
En la ciudad de Accra, en la costa del Océano Atlántico, en los laboratorios de la Comisión de Energía Atómica de Ghana, los científicos exponían granos de la planta de cacao a los rayos gamma. Entre los mutantes apareció uno que dotaba a su descendencia con una mejor resistencia al virus asesino. Lagoda dijo que el mejoramiento de cultivos con radiación, aunque es una tecnología vieja, experimentaba un crecimiento rápido. “No es una panacea”, dijo. “No es la solución. Pero es una herramienta muy eficiente que nos ayuda a reducir el tiempo de mejoramiento del cultivo”.
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