Una mañana reciente, no se conversaba de otra cosa en un restaurante a orillas de la carretera, cerca de Jinan, que de una planta de ginseng con valor de 65 mil dólares. Los únicos clientes del restaurante, un pequeño grupo de buscadores de ginseng, se habían reunido para desayunar caldo de tofu antes de dirigirse en auto hacia una montaña cercana que tenían planeado explorar en busca de la cotizada planta.
Pese a la temprana hora y a la lluvia, su entusiasmo incrementaba con cada recuento de la noticia dada a conocer la noche anterior: ¡Alguien acababa de encontrar una planta de ginseng, de 235 gramos y 30 años de edad, con valor de 65 mil “El simple hecho de que la planta de ginseng pese más no necesariamente significa que su calidad sea superior, como lo sugería el reportaje televisivo”, indicó Pae Young-gun, líder del grupo, en un intento por moderar las expectativas irrealistas.
Los medios noticiosos sudcoreanos reportan periódicamente el hallazgo de plantas de ginseng silvestre extremadamente raras, que se venden en decenas de miles de dólares y que alimentan los sueños de los buscadores de ginseng de todo el país. En Corea del Sur, así como en otras regiones asiáticas, las raíces del ginseng silvestre son tradicionalmente preciadas por sus presuntos inexplicables poderes curativos, propiedades de las que, de acuerdo con creencias, carece la variedad cultivada de la planta.
Por ello, ejércitos de buscadores de ginseng recorren las zonas montañosas densamente boscosas del país, donde puede encontrarse ginseng silvestre en rincones que cuentan con la mezcla apropiada de aire, sol y humedad. Ya que las montañas son consideradas lugares sagrados, las búsquedas tienden a adquirir una dimensión espiritual o, por lo menos, supersticiosa.
Se reportó que la persona que encontró el ginseng de 65 mil dólares había visto tres columnas de fuego en un sueño que tuvo justo antes de tropezarse con la planta en la Montaña Sobaek, en el centro del país. En el suroeste, Pae, buscador profesional de ginseng, encabezaba a su grupo de media docena de buscadores amateurs.
Tras llegar en auto a su destino, el Monte Woonjang, el grupo se dividió en dos y Pae, junto con un miembro experimentado, eligió un sendero poco transitado. Al llegar a un claro junto en una pendiente escarpada, Pae colocó una calabaza, pescado seco y galletas de arroz al pie de un árbol. “Lo hago simplemente para decirles a los dioses de la montaña que emprendemos nuestro viaje y les pedimos que nos cuiden”, explicó Pae, tras postrarse y servir dos botellas de una bebida lechosa.
“También ofrezco algunas bebidas a los demonios que rodean a los dioses, para que no nos tengan envidia”. Pae, de 43 años, relató que empezó a buscar ginseng hace 17 años, tras hacerse amigo de un buscador de mayor edad durante una excursión en la montaña. El anciano le enseñó dónde y cómo buscar. “Lo que importa es no mostrarse codicioso”, expresó Pae. “Hay que introducirse a la montaña y asegurarse de caminar y trabajar muy duro para que la labor de uno sea recompensada”. Lim Duk-hwan, funcionario de la Asociación de Evaluación del Ginseng Taeguk, en Seúl, indicó que, en los últimos dos o tres años, había observado que un número creciente de personas buscaba ginseng.
“Como la economía no se ha recuperado, la gente trata de complementar sus ingresos al buscar ginseng”, declaró Lim, “pero la mayoría termina con malos resultados. Ni siquiera pueden cubrir sus gastos”.
En este día en particular, horas de búsqueda no habían arrojado ningún hallazgo. “Si no encuentro nada hoy, encontraré algo mañana, así que no me siento frustrado”, expresó Pae. “Una vez que encuentras una planta de ginseng, se convierte en adicción. Es imposible que regreses a tu antiguo trabajo. Lo único que puedes ver frente a ti es el ginseng”.