Viernes 31 de agosto del 2007 Cartas al Director

Urbe del ruido y de nadie II

Es un calvario vivir en zonas “residenciales” que ahora están llenas de todo tipo de negocios comerciales, como sucede en Urdesa Central, Alborada, Kennedy, donde además pasan muchas líneas de buses y colectivos, convirtiéndose el ambiente en perennemente ruidoso, estresante, que irrita los nervios de las familias que habitamos esas ciudadelas.

Pitazos no solo de conductores de vehículos para pedir a los demás que les abran el paso, sino de sujetos desconsiderados que a cualquier hora del día o la madrugada pegan la mano a las bocinas de sus automotores para llamar la atención a sus amigos; además de los estridentes sonidos de sirenas o alarmas de carros, negocios que se activan hasta con el soplo del viento; pasando por la salsa, merengue, rock metálico, que revienta los oídos y provienen de discotecas, “cafés” o sandwicherías o restaurantes donde se expenden tragos; hasta las radios de los carros de sujetos que se instalan en plena calle a consumir sándwiches o alcohol, y “alegran” su momento con esos estrepitosos ruidos.

En Urdesa, concretamente, esto se vive a diario sobre todo en la avenida Víctor Emilio Estrada, donde ciertos negocios de comida dan pésima vecindad porque sus dueños ponen todo el día, y al volumen más potente, música en idiomas raros y protagonizan escándalos sin que nadie logre callarlos.

Cuando se llama al 911, solo contesta una voz de grabadora que dice que el número está fuera de servicio, y las pocas veces que uno logra contactarlos prometen que enviarán patrullas a poner orden, pero nunca van; y si por milagro llegan a aparecer, enseguida los negocios bajan el volumen de sus equipos musicales, pero cuando la patrulla se va, vuelve el infierno. Dejé de llamar también a la Policía Municipal, pues cuando han aparecido tipos parqueados afuera de nuestras casas, bebiendo en la vereda y con las radios de sus carros sonando altísimo en la madrugada, me han dicho de todo, hasta: “no podemos hacer nada, es fin de semana y cómo vamos a pedirle a la gente que deje de celebrar”. ¡Sí que Guayaquil es ciudad de nadie!, sin ley ni autoridad.

José Villavicencio,
Guayaquil

Cartas al Director

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.