Jueves 30 de agosto del 2007 La Caja

Cholicienta

Contar una historia. Solo se trata de eso. Claro que no es como soplar y hacer botellas. Contar bien una historia dramática en televisión exige cierta habilidad. Tampoco se necesita ser un Bergman, pero sí tener algún sentido de las formas narrativas y algo de imaginación. Lo cual a veces es mucho pedir en la tele que sufrimos.

Seguir una semana a ‘Cholicienta’, nueva producción de RTS, puede convertirse en el inútil ejercicio de buscar una historia y unos personajes con una mínima coherencia, para llegar a la conclusión de que no se puede encontrar lo que no existe.

La telenovela parece haber sido armada por un aprendiz inscrito en el primer año de algún instituto de radio y TV (casi digo de corte y confección): un pedazo de escena por aquí, otro por allá, intercalados sin sentido, solo por decir que se ha trabajado en la “edición”. Y así el tiempo de ‘Cholicienta’ pasa (nos vamos poniendo viejos) y nada de nada sucede.

¿Algo sucede realmente? Buena pregunta, pues la trama no existe y todo se intenta resolver con tontitas (que algún malintencionado no lo malinterprete: tontos los personajes, no las “actrices”) en diminutos bikinis y galanes sin presencia actoral.

La Cholicienta es punto y aparte: hasta da ternura, ver a Paloma Fiuza haciendo esfuerzos por ser protagonista sin abrir la boca o balbuceando un par de líneas.

¿Acaso soy muy duro? De ninguna forma, quienes abusan de la paciencia del televidente son quienes se atreven a poner al aire semejante frankenstein.
La Caja

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