Enfrentamientos se dieron por los partidarios del presidente Morales y jóvenes radicales.
Una huelga de 24 horas en seis ciudades de Bolivia contra el presidente Evo Morales se realizó ayer con brotes de violencia, mientras grupos de vecinos y organizaciones civiles expresaron su apoyo al gobierno, marcando así la profunda división política en ese país.
La huelga se caracterizó por actos vandálicos cometidos por grupos juveniles de derecha que se enfrentaron a la población y a comerciantes afines a Morales por no acatar el paro.
Las organizaciones cívicas de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Sucre y Cochabamba, apoyadas por sus gobernadores, protestaron contra el mandatario que no acepta el traslado de la sede de gobierno de La Paz a Sucre y alienta un juicio por prevaricato a cuatro magistrados del Tribunal Constitucional.
Pero el ministro de Gobierno, Alfredo Rada, afirmó que el paro se cumplió solo en el centro de las ciudades y que en los barrios populares, mercados campesinos y zonas rurales las actividades fueron normales.
Los incidentes más graves se presentaron en Santa Cruz, donde jóvenes de la Unidad Juvenil Cruceñista se enfrentaron a golpes de puño, palos y piedras con comerciantes, quienes se opusieron a acatar el paro por los perjuicios económicos que les provocaría.
Imágenes de la televisión mostraron cómo un vehículo conducido por un supuesto joven afín al opositor Comité Cívico Pro Santa Cruz atropelló deliberadamente a una persona que no cerró su comercio.
Más agresiones, en este caso de partidarios de Morales, alcanzaron a reporteros que trataban de circular por Santa Cruz llevando a modo de escudo, que no sirvió, una bandera verdiblanca de esa región, mostraron canales de televisión.
En Cochabamba, grupos de vecinos y organizaciones sociales marcharon en rechazo a la huelga civil y en apoyo al presidente Morales, mientras la policía desplegó a decenas de efectivos para evitar choques con cientos de huelguistas.
En Sucre la Constituyente sigue paralizada, con miembros en huelga de hambre, mientras el Congreso en La Paz continúa cerrado tras una gresca general la semana pasada.
Evo Morales se opone a que Sucre, capital histórica de Bolivia, recupere la sede de los poderes Ejecutivo y Legislativo, asentados en La Paz, su bastión electoral, tras una guerra civil hace más de un siglo, pues considera que desintegrará el país y provocará el rechazo de La Paz, la región más poblada.
El gobierno acusa a la oposición y a los movimientos cívicos que impulsan la huelga de defender “los privilegios de la oligarquía” y de ser racistas.
“Solo piensan día y noche en cómo tumbar al indio”.