Todos somos seres espirituales creados por Dios y dignos de bien.
La voz de la sabiduría nos guía para vencer cualquier reto y a afirmar nuestra unidad con Dios y nuestros congéneres. Esta fluye como un idioma sagrado del corazón y el alma que nos recuerda que todos compartimos y somos merecedores de la herencia del bien de Dios.
–Juan 12:49-50
“Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre, que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho”.