Hace cuarenta años el Ecuador conocía la instalación de otra Asamblea Constituyente que se reunía para dictar una nueva Constitución Política.
A ella concurrieron distinguidas personalidades del mundo político y académico de la talla del Dr. Julio César Trujillo, Dr. Andrés F. Córdova, Dr. Jorge Crespo Toral, Dr. José Baquerizo Maldonado, Assad Bucaram, Ec. Abdón Calderón M., Dr. Gonzalo Cordero Crespo, Dr. Carlos Julio Arosemena M., Voltaire Paladines Polo, Ing. Marcel Laniado de Wind, Ing. León Febres-Cordero, Jaime Nebot Velasco, Dr. Carlos Cueva Tamariz... Estos diputados nos entregaron la nueva Constitución que tenía 260 artículos; 20 menos que la actual que fue dictada en 1998.
Esta Constitución, como casi todas, está llena de páginas enteras declarando la total igualdad ante la ley, la preocupación por los derechos humanos, la instauración de servicios de salud para todos y de manera especial para los pobres, de la producción nacional, blablablá. Para que observen que de nada sirven estas constituciones que no tienen respaldo en las realidades diarias de la vida de las personas y las instituciones, citaré como ejemplo su artículo 259 que decía: en caso de fuerza o de rebelión, se constituya un gobierno de hecho, luego de que el pueblo recobre su libertad y se restablezca la normalidad, se reanudará su observancia y, con arreglo a ella y a las leyes que en su virtud se hubieren expedido, se juzgará a quienes hubieren ejercido el gobierno de hecho.
La Asamblea Constituyente de 1967 declaró por medio del artículo 259 que esa Constitución no perderá su vigencia, aun cuando por rebelión o acto de fuerza dejare de observarse. En 1970 el presidente Velasco Ibarra se declaró dictador; duró hasta 1972, vino la dictadura militar hasta el año 1978... Nunca recobró la vigencia. La Constitución de 1967 y nadie fue enjuiciado militar ni penalmente por esos delitos contra la democracia, a pesar de que esto lo declaró una Constituyente.
Que la nueva Asamblea demuestre el pueblo que sus declaraciones tienen respaldo en la realidad de todos los días, que se tiene que invertir en educación muchos millones más, en salud, dispensarios rurales; esto se puede tratar por medio de porcentajes del presupuesto nacional, dado que una Constitución no tiene que entrar en detalles, sino en principios generales.
Francisco Pesántez Villacís,
abogado, Guayaquil