- AGO. 20, 2007 - Foto - Cartas al Director - EL UNIVERSO
Las ideas políticas del socialista utópico de principios del siglo XXI, traducen la protesta de la nación contra la ofensa a la sociedad en sus diferentes segmentos.
Su teoría política es tratar de eliminar la libertad, igualdad y fraternidad del pueblo, prometiendo destruir al liberalismo democrático en que vivimos desde que Ecuador nació como República independiente el 30 de mayo del año 1830. Tomás Moro, en su obra Utopía, describió una república imaginaria con doctrinas halagüeñas pero irrealizables. La fuerza del socialista utópico radica en la despiadada crítica que hace de las úlceras y contradicciones del capitalismo, en fervorosa simpatía hacia los trabajadores asalariados; deseando encontrar para las masas populares la vía que conduce a un nuevo régimen social, en geniales hipótesis de los contornos de este futuro régimen social.
Sus teorías políticas no están maduras, lo cual corresponde a su insuficiente nivel de desarrollo político en el seno de la sociedad burguesa, en la falta de madurez de las contradicciones que a menudo repite. Con sarcasmo aniquilador trata de poner al desnudo la falsedad de los “pelucones”, “coloraditos de Samborondón”, periodistas “bestias salvajes”, entre otros epítetos denigrantes. En sus críticas de los defectos de la “civilización” capitalista ecuatoriana, se eleva hasta la comprensión, y falacia e hipocresía de los abstractos “derechos y libertades” del hombre, y de la “soberanía del pueblo” presentándose como un moralista.
Es importante decirle a esa persona que las doctrinas políticas se las combate con ideas, y que es aconsejado tener y hacer oposición para mantener equilibrio político; que gobernar no es hacer demagogia bailando en las calles, visitando delincuentes en las cárceles, sino planificar al Estado para que la producción agropecuaria, agroindustria e industrial otorguen riqueza para bienestar de los habitantes.
Un buen gobernante se preocupa de tres cosas: riqueza económica, salud y educación pública para el pueblo.
Ernesto Colombo,
CPA, Guayaquil