lunes 20 de agosto del 2007 Columnistas

Números

Nada más y nada menos que ciento cincuenta listas diferentes están dispuestas a sacrificarse en la madre de todas las batallas. Esas son, según la información proporcionada por el Tribunal Supremo Electoral, las que compiten dentro del país, tanto en el nivel nacional como en cada una de las diversas provincias, sin contar las que lo hacen en tierras extranjeras –porque también allá la patria ya es de todos– y que añaden muy poco a esta cantidad. Que se lo considere como un número alto o, al contrario, insuficiente, depende del cristal con que se mire. Para quienes tienen aún la ingenua creencia de que el Ecuador podría integrarse al conjunto de países que cuentan con una democracia moderna asentada sobre partidos fuertes, el número resultará abultado. En cambio, para quienes consideran que todo se cura con la participación y que la partidocracia es la culpable de todos los males, esa centena y media será exigua.

Pero, más allá de los gustos y de las posiciones, hay cifras que dicen mucho y que conviene revisarlas brevemente. Una de estas es la que permite conocer el carácter nacional o local de esas listas y que se expresa en el número de circunscripciones en que se ha inscrito cada una de ellas. La primera sorpresa en este sentido es que solamente una se ha inscrito en las veintitrés circunscripciones (nacional y veintidós provincias), una lo ha hecho en veintidós y una en veintiuna. Todas ellas corresponden a partidos políticos o movimientos que cuentan con alguna trayectoria, en tanto que los nuevos movimientos ciudadanos, tan entusiastas con la Asamblea, en el mejor de los casos lo han hecho en un máximo de dieciséis circunscripciones. Es probable que esto se deba a que estamos frente a la muerte del viejo sistema de partidos y a que los movimientos alternativos recién están naciendo Pero eso no impide destacar la debilidad de los primeros y el carácter incipiente de los segundos. Claro que tanto unos como otros aumentan ese número por medio de alianzas, pero es innegable que la abrumadora mayoría carece de la fuerza y organización para establecer su presencia en todo el país.

La segunda sorpresa es que 116 de las 150 listas (el 77%), se han inscrito solamente en una circunscripción, ya sea en la nacional o en una de las provincias. Por tanto, el elector tendrá como plato principal de su menú una interminable oferta de organizaciones locales o provinciales que, casi en su totalidad, no cuentan con experiencia política previa. Ellas estarán prácticamente obligadas a apelar a las demandas propias de esos ámbitos (servicios básicos, condiciones de vida, etcétera), lo que convertirá a la elección en algo más parecido a una concejalía que al cargo de asambleísta. Además, dado que la enorme mayoría de los participantes es desconocida, se producirá una relación perversa entre el número de listas y la modalidad de propaganda electoral en franjas adoptada para estas elecciones. En fin, así son los números, como para que muchos candidatos los odien.

 

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